CONTRA EL MARXISMO VULGAR

 

        LA SAGRADA AMISTAD*


   ✍️Por Manuel Cuipa Chancahuaña


El presente texto es una respuesta dirigida al grupo de «camaradas» del marxismo recetario y a los revolucionarios de WhatsApp [1]. Me refiero concretamente a tres militantes, activistas y rezagos de la vieja izquierda de los años 70‑90: don Alfredo Solórzano, Mario Vicencio y Rolando Oscco. En los intercambios de opiniones sostenidos en las redes sociales (grupo de WhatsApp) mantuvimos controversias de fondo. Por mi parte, los observo ejerciendo un activismo que, si bien se inscribe en una posición de izquierda, se reduce a una izquierda de manual, repetidora de la vulgata marxista [2].

Así, aducen encarnar «la correcta posición de clase», ser «proletarios de la praxis revolucionaria», aplicadores del «materialismo dialéctico» y del «materialismo histórico», y abanderados de la «lucha de clases» y de todos los cánones del empirismo práctico del marxismo. ¡Qué privilegiados ellos! Mientras que el resto –o mi persona–, por recomendar lecturas actuales, sugerir una mayor preparación teórica y promover la reflexión crítica antes que la repetición simplificada, es tildado de «pequeñoburgués», «idealista», «payaso», «revisionista», «intelectualoide», «soplón», «reaccionario», «teórico», «abstracto», «yana uma», «fascista», «ratón de biblioteca», y una larga lista de epítetos similares [3]. Ciertamente, estos ataques ad hominem (falacias dirigidas contra la persona) suponen una afrenta contra las armas teórico‑críticas [4] que deberían portar todos los hijos del pueblo para, justamente, no repetir las desatinadas declaraciones de Castillo [5]. Ustedes, estimados lectores, no deben recelar ante los ataques ni los rebuznos de los prácticos, pues el poder dominante siempre ha temido más a las armas del conocimiento que a la practicidad ingenua de sus súbditos. Es un hecho irrefutable: no hay «práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria» [6].

Ahora bien, solo esperamos que estos «marxistas» sean coherentes con su retórica redundante y simplona acerca del «materialismo histórico», el «materialismo dialéctico» y la «dictadura del proletariado» cuando llegan las épocas electorales. Allí quisiéramos ver resaltada «la práctica como criterio de la verdad» [7]. Es decir, o hay coherencia o hay fanfarronería. Sería penoso que nuestros «dialécticos» y «materialistas» claudiquen de sus proclamas «revolucionarias» ante las fanfarrias electoralistas. Señalamos esto porque ya conocemos a estos mismos «revolucionarios» sumergidos en el fango del oportunismo electoral o del agnosticismo anárquico. Es decir, ¿«marxistas» en el juego electoral burgués, o anarquistas sin lectura del contexto actual? «Todo bien si nosotros participamos», dicen los «camaradas» obnubilados por el fetiche del ánfora electoral; o «todo malo» porque no podemos ser partícipes del sistema demoliberal, según su conveniencia. Aunque ellos, a bocanadas, maldicen ese acto de participación cuando lo hacen los otros, pero no cuando lo ejecutan ellos mismos [8]. Supuestos «revolucionarios clasistas» alienados en las elecciones burguesas. ¿No es esta una tremenda contradicción? ¿Quiénes son entonces los revisionistas y los pequeñoburgueses? ¿Acaso es lucha de clases o conciliación de apetitos particulares? Lo que predican de la teoría «marxista» como receta infalible no lo practican en los hechos.

Muchos activistas que se creen marxistas fueron parte o partícipes de las elecciones burguesas junto a Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Castillo. Aquí sí, más que nunca: «salvo el poder, todo es ilusión». Nos preguntamos: ¿acaso no harán lo mismo ahora con Alfonso López Chau (Ahora Nación), Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Ronald Atencio (Venceremos) y otros candidatos de perfil similar? El tiempo –y las próximas elecciones presidenciales, regionales y locales– nos lo dirá.

No estaría mal que fueran electoreros con «posición de clase» o sindicalistas electoreros, como siempre lo fueron. Lo que les hace falta es la honestidad intelectual y la revisión teórica de sus propias acciones (pero la teoría les apesta). No estaría mal que los marxistas se sinceraran y reconocieran ser parte del juego demoliberal [9]; lo malo es que venden humo de «revolucionarios» netos, adalides «proletarios» y «marxistas» verdaderos. Todas esas autodenominaciones se desvanecen cuando la campaña electoral toca a su puerta; allí se olvidan del «materialismo dialéctico e histórico», del «asambleísmo popular», de la «dictadura del proletariado» y de la mentada «lucha de clases». Son los típicos «revolucionarios» de panfleto y de arenga fácil. No es que tengan la convicción de transformar la realidad del sistema, sino la de ganarse algo dentro de él –parasitar, sobrevivir– y, si las posibilidades se presentan, conseguir su sustento por la vía electoral. Repito: no estaría mal su electorerismo, pero como «marxistas» que dicen ser, antes deberían plantearse, teorizar y sincerarse esta pregunta cardinal: ¿puede el marxismo ser parte del juego democrático y de sus elecciones? ¿Por qué no? ¿Por qué sí? Para dar esas respuestas se requieren, justamente, armas teóricas solventes y re‑visiones de su marxismo recetario y de otros «ismos» que encarnan. Pero sabemos que no lo harán, y no lo hicieron; como siempre, solo serán «prácticos» y «pragmáticos» ante la oportunidad electoral. He ahí la decadencia y el uso oportunista de la figura y la teoría de Marx.

Siendo así, la línea demarcatoria está trazada; lo intuía desde hace tiempo: somos incompatibles. Allá los nostálgicos de la impronta en claves gonzalianas, pero a la vez negacionistas absolutos del mismo. Aquí no hay un aporte mutuo; no me sirven, señores y señoras «revolucionarios», y tampoco yo les sirvo para sus fines políticos: la repelencia es recíproca. Antes de esto, siempre mantuve respeto y consideración pese a las diferencias. Ahora ya no es posible. No hay aporte trascendente en sus fanfarreas «proletarias» hasta en la sopa, porque son incoherentes y de panfleto más básico y escolar. A la «sagrada familia» (paisanos) les recordamos que el Muro de Berlín ya se derrumbó hace tiempo. Entonces, lo mínimo que cabría esperar es un balance crítico y justo, sin renunciar a su esencia, pero replanteándose ideas, redefiniendo programas y sincerándose a la luz de estos tiempos. Sin embargo, electores en la práctica y a la vez marxistas «duros» en el discurso configuran una contradicción inviable, como la que padece la mayoría de las izquierdas post‑mariateguianas. Además, son dogmáticos a rajatabla.

Yo no soy dogmático en ese sentido; estudio desde la Biblia hasta la evolución de Darwin. ¡No tengo problemas! Tampoco tengo un discurso único, como de robot «clasista» y monotemático en materia ideológica. ¡Qué miseria y limitación sería ser así! En ese aspecto, apelo a los lectores: hay maneras de reinventarse, de curarse incluso de los fantasmas y las paranoias ideológicas [10]. Yo creo en la «libertad radical» [11] a la manera de Sartre, sin negar por ello la dialéctica de Marx. Pues existen opios y «opios intelectuales» [12], como señala Raymond Aron, y también «éticas de convicción» [13], como expone Max Weber. Esos «opios» ideológicos y esas «convicciones» pétreas merecen ser re‑visados «para la salud del dogma», como diría Mariátegui. Así, no hay por qué temer a la reinvención y a la innovación. Desde mi modesta posición, antes de conocer y reconocer a la «sagrada familia» a quien me dirijo, nunca he ocultado mi filiación política en Mariátegui y sus continuadores, ni mi identidad cultural en Arguedas y los suyos. Lo asumo abiertamente, con todo el riesgo que ello implica, sin negar ni renegar de ellas: coherencia y consecuencia se llama.

Asimismo, considero que existe mucha gente valiosa en diferentes campos y disciplinas, a quienes denominaré «los mejores»: los imprescindibles para la construcción de un Perú mejor, para edificar una corriente nueva, crítica y emancipadora bajo sus aportes. Enumeraré a algunos para el caso peruano desde esa matriz inventiva: Política e Ideología (Mariátegui), Identidad Cultural (Arguedas), Filosofía (Salazar y Zulen), Historia (Flores Galindo y Basadre), Economía (Figueroa y Alarco), Periodismo (Lévano y Hildebrandt), Antropología (Montoya y Degregori), Lengua Quechua (Torero, Cerrón‑Palomino y Zavala), Sociología (Quijano, Manrique y Rochabrún), Arqueología (Luis Guillermo Lumbreras y Ruth Shady), y otros.

Recoger los mejores aportes y conjugarlos en la interdisciplinariedad; estoy seguro de que el resultado sería una teoría crítica netamente nacional: «creación heroica, sin calco ni copia». Esto significa, básicamente, la conjunción de la teoría de Marx con la andinidad y la perspectiva descolonial [14] de Quijano y Flores Galindo; he ahí las dos matrices. Pero no con este «marxismo» de la tríada obtusa que nos bombardea don Alfredo, Mario y Rolando, porque son, por una parte, obtusos y monotemáticos; por otra, carecen de identidad (o la niegan); y, además, están desactualizados. Una teoría sin coordenadas en la actualidad no podrá dar respuestas actuales, porque está petrificada en el tiempo pasado y fiel a la receta del dogma. ¿Qué nos pueden responder los «marxistas de recetario» sobre temas de la actualidad como Democracia, Elecciones, Emprendimiento, Libertad, Ecología, Feminismo, Colonialismo, Indigenismo, Capital/Inversión, Identidad Cultural, Modernidad, Ciencia, Tecnología, Seguridad, Comunidad, Poder, Trabajo y Empresa? Solo la receta será un monólogo: ¡Lucha de clases! Nosotros creemos que las respuestas van más allá de una sola receta. Y, por lo tanto, no hay por qué evadir la teoría en la realidad concreta. De aquí y ahora.

Finalmente, ¿qué decir a la gente que nos lee ante este mal espectáculo? Simplemente, pedir disculpas y decirles que elijan siempre a los mejores referentes en cada campo de su vocación. El mío es la pasión por las ciencias sociales y las humanidades. Ya quisiera uno nutrirse totalmente bien para aportar un granito de arena «al Perú que amamos y sufrimos», como diría Arguedas. Ya quisiera uno dar respuestas fundamentadas contra la hegemonía liberal y neoliberal. Pero estoy convencido de que no basta la «posición de clase» ni las ideologías confesas. No bastan.

Entonces, sí considero necesario reinventar las ideas y replantear los marcos teóricos en todo sentido, a la luz de los retos actuales (contemporáneos). Nutrirse de todas las disciplinas posibles y de las mejores referencias. Para ello, también es importante estar rodeado de las personas que nos suman, aportan y desafían. He aquí una vocación en el desafío de los mejores y el desecho de los peores. Esta es mi pasión y «agonía» mariateguiana.


Escrito: 12-05-2025 


*El presente texto “La sagrada amistad” se inspira en el título del texto La Sagrada Familia, publicada en 1845, es la primera obra conjunta de Karl Marx y Friedrich Engels. No es un libro de religión, sino una crítica satírica y filosófica dirigida contra los jóvenes hegelianos, en especial los hermanos Bruno y Edgar Bauer. Aunque esta vez es una crítica en conjunto a mis paisanos mayores y militantes de izquierda (Rolando Oscco, Alfredo Solórzano y Mario Vicencio). 


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NOTAS Y FUENTES

[1] El uso de «WhatsApp» como espacio de discusión política refleja la transformación de los modos de organización de las izquierdas contemporáneas. Vid. S. Zizek (2018) El coraje de la desesperanza (Barcelona: Anagrama), cap. 3, sobre la digitalización del activismo.

[2] Vulgata marxista: expresión que designa el reduccionismo economicista que subordina toda la superestructura (política, cultura, ideología) a la infraestructura económica. Para una crítica de esta vulgata en América Latina, cf. M. Löwy (1986) El marxismo en América Latina (Lima: El Caballo Rojo), pp. 45‑67. Sobre la composición actual del proletariado (30% asalariados formales, 30% informales/desempleados y 40% autoempleados), véase R. Castel (1997) Las metamorfosis de la cuestión social (Buenos Aires: Paidós), cap. 7, y los informes de la OIT (2025) sobre trabajo en América Latina.

[3] Los calificativos («yana uma», «pequeñoburgués», etc.) fueron utilizados profusamente por Sendero Luminoso para desacreditar a intelectuales y docentes. Véase el testimonio de C. Lévano (2005) Testimonio y combate (Lima: Mosca Azul), pp. 112‑120; y R. Montoya (1998) Por los senderos del Perú (Lima: UNMSM), pp. 210‑230, donde relatan las agresiones y apagones en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos durante los años ochenta.

[4] «Armas teórico‑críticas»: alusión a la función del intelectual orgánico que, según A. Gramsci (1975) Cuadernos de la cárcel, t. I (México: Era), p. 85, debe elevar el sentido común de las masas a una concepción crítica y coherente del mundo.

[5] «Burradas de Castillo»: alusión a las declaraciones públicas del expresidente Pedro Castillo (2021‑2022) que generaron amplio rechazo en la opinión pública. Pueden consultarse las hemerotecas de La República (Lima, ediciones del 2022) y el informe de la Comisión de Constitución del Congreso.

[6] Cita exacta de V. I. Lenin (1902) ¿Qué hacer?, en Obras completas, t. V (Moscú: Progreso, 1975), p. 369: «Sin teoría revolucionaria no puede haber práctica revolucionaria».

[7] Tesis II de K. Marx (1845) Tesis sobre Feuerbach, en La ideología alemana (Barcelona: Grijalbo, 1974), p. 667: «La cuestión de si al pensamiento humano se le debe atribuir una verdad objetiva no es una cuestión teórica, sino práctica. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío de su pensamiento». Lenin retoma esta idea en Materialismo y empiriocriticismo (1909), cap. 2.

[8] La doble moral de participar en elecciones burguesas mientras se predica la revolución es criticada por R. Luxemburg (1900) Reforma o revolución (Madrid: Ayuso, 1976), t. I, pp. 55‑82, donde sostiene que la socialdemocracia no puede renunciar a la lucha parlamentaria como tribuna, pero sin confundirla con la toma revolucionaria del poder.

[9] «Juego demoliberal»: término acuñado por Á. García Linera (2008) La potencia plebeya (La Paz: CLACSO), p. 45, para referirse al sistema de democracia representativa burguesa que cooptara a los movimientos sociales.

[10] «Fantasmas y paranoias ideológicas»: referencia al concepto de imaginario social y paranoia política. Cf. L. Althusser (1970) Ideología y aparatos ideológicos del Estado (Buenos Aires: Nueva Visión, 1988), pp. 15‑30, donde explica la interpelación ideológica como mecanismo de sujeción.

[11] «Libertad radical»: concepto central del existencialismo sartreano. J.‑P. Sartre (1946) El existencialismo es un humanismo (Buenos Aires: Sur, 1949), p. 25, sostiene que «el hombre está condenado a ser libre» y que la existencia precede a la esencia.

[12] «Opios intelectuales»: obra de R. Aron (1955) El opio de los intelectuales (Barcelona: Planeta‑De Agostini, 1990), donde el autor critica el mesianismo político de los intelectuales de izquierda, comparándolo con un narcótico ideológico.

[13] «Éticas de convicción» (Gesinnungsethik): M. Weber (1919) El político y el científico (Madrid: Alianza, 1984), pp. 45‑50, distingue entre la ética de la convicción (orientada por principios absolutos) y la ética de la responsabilidad (orientada por las consecuencias). El autor sugiere que los dogmáticos se aferran a la primera sin evaluar las consecuencias de sus actos.

[14] «Andinidad y descolonial»: el giro descolonial en los Andes se fundamenta en A. Quijano (2000) «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina», en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales (Buenos Aires: CLACSO), pp. 201‑246; y en A. Flores Galindo (1984) Buscando un Inca: Identidad y utopía en los Andes (Lima: Horizonte), quien propone una lectura de Mariátegui desde la realidad andina, superando el marxismo ortodoxo europeizante.

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