HEREJÍAS POLÍTICAS
¿Hay una izquierda popular (electoral) en el Perú?
Por Manuel Cuipa Ch.
La respuesta a la pregunta es afirmativa. Hay una izquierda popular disidente contra el sistema. Los analistas liberales denominan como el "voto antisistema", el "voto rebelde del Sur" o el "voto anti limeñocentrista" (descentralista); los neoliberales más reaccionarios los tildará como el "voto de los resentidos", el "voto de los ignorantes" y en palabras del ultraderechista Aldo Mariátegui sería: voto de los "electarados". La pregunta es, ¿el voto antisistema es realmente voto de los ignorantes, casi sin conciencia ni convicción políticas? Nada de eso. Por su puesto, ese voto es altamente politizado, crítico y consciente: es el voto de la izquierda popular (aunque no tengan partidos fijos de izquierda), pero allí están y estarán. Es el voto que no aguanta embrollos fujimoristas y palucherías neoliberales. Prueba de esto es el recientemente lo que pasó en Puno, cuando casi linchan a un Phillip Butters, el periodista limeño y aspirante político caracterizado por ser un "terruqueador" de los votos y de las protestas del sur. En consecuencia, denostar como voto de los "electarados" o "ignorantes" es irrelevante para la izquierda popular, e inversamente proporcional para cosechar votos en contra del antisistema, en contextos actuales eso significa votos antifuji-porky-acuñismo. Votos en contra de esos reprsentantes del sistema neoliberal (fuji-liberales), en última instancia los lumpen-liberales.
Como la derecha peruana (en particular limeña) es así, una derecha obtusa sin argumentos para convencer, sin racionalidad autocríticas para enmendarse, salvo buenos para asustar, amenazar, coaccionar y ofender, así nunca ganará adeptos de esos votos disidentes. En resumen, una derecha retrógrada que ningunea y "terruquea" a los votos discrepantes. Sin embargo, este comportamiento cerril de la derecha política (lumpen) es la expresión directa de la derecha económica (empresarial) de este país. En palabras de Lenin: "La política es la expresión concentrada de la economía". Esa es la pauta preferida de los grupos de poder: pauta de la "derecha bruta y achorada" (DBA) -término acuñado por el periodista liberal Juan Carlos Tafur-, que no tienen audacia rupturista, brío moral ni proyecto democrático. En ese contexto se expresa continuamente cada cinco años el "voto antisistema". Ese voto que reclama cambios estructurales dentro del Estado de Derecho y canales democráticos. Pero casi nunca logran obtener sus demandas, porque el susodicho "Estado de Derecho" es una caricatura institucional que históricamente ha mantenido el previlegio de una minoría (grupos de poder) y el agravio de una mayoría (nacional-popular).
No es extraño que ese "voto antisistema" se manifieste como voto anti-neoliberal, regionalista (descentralista, sureña, rural) y decisiva para ganar las elecciones generales. En las ultimas elecciones pasadas del año 2021 nos confirma con la llegada de Pedro Castillo a la jefatura nacional, aunque las derechas políticas y los grupos de poder (fácticos) no han reconocido ese proceso "democrático" aduciendo "fraude electoral" y finalmente destituyendo de su mandato. Una periodista limeña Milagros Leiva calificó a los partidarios de Castillo: "como castillistas golpistas y brutos". Pese a todo, el movimiento popular (izquierda civil y popular) tiene su propia gesta, proceso y aspiraciones, cosa que los partidos políticos de derecha e izquierda no entienden ni acompañan ese proceso. Por eso hemos visto en el pasado denigrar y celebrar la cáida de Castillo a personalidades "progresistas" como César Hildebrandt, que han pedido palos y garrotes a los manifestantes del sur frente a la dictadura de Dina Boluarte (el saldo fue más de 50 muertos y miles de heridos). Hay que recordar siempre esos sucesos hasta ahora impunes. Recordemos también que los señores mencionados pedían una "transición" y "democracia" de Boluarte que sería una especie de "transición tipo Valentín Paniagua".
Inicialmente la caída de Castillofue propiciada, fomentada y avalada por "líderes de opinión" como César Hildebrandt con su semanario (pueden corroborar en los archivos y titulares de esos tiempos), Rosa María Palacios, Juan Carlos Tafur y Augusto Álvarez Rodrich, todos en esa misma línea anticastillista, por cuerdas separadas con el Congreso golpista (mayoría fujiporkista). En consecuencia muchos "demócratas" desde Lima fueron miopes y ajenos al sufrimiento de nuestro pueblo, nunca levantarón la voz con ese mismo énfasis a favor de la "plebe" cuando Boluarte apaleaba en las marchas, pero sí gritaron en voz alta para denostar: "esperpento Castillo", "incapaz Castillo", "lárgate Castillo". En la perspectiva de las víctimas en la dialéctica de Theodor Adorno han carecido de "Prestar voz al sufrimiento que es condición de toda verdad. Pues el sufrimiento es objetividad que pesa sobre el sujeto". La diferencia de quienes desprecian el movimiento popular en el fondo es igual si viene de la extrema derecha o de los "progresistas" y "demócratas": el de Aldo Mariátegui igual a Augusto Álvarez Rodrich, de Phillip Butters a César Hildebrandt y Milagros Leiva a Rosa María Palacios. El sur y el movimiento popular no olvidan eso. No olvidan porque las heridas recientes siguen abiertas, añadido a las heridas históricas. Como olvidar cuando aquella madre quechua repetía llorando la masacre de Boluarte: "Todala vidalla llaqta runapaq, wañuylla, waqaylla". Sin embargo, ese dolor llegó como una consciencia política a nuestros pueblos, como un paso de la anti-política y apolítica a la politización directa de los "wakchas" y los "runas" en el interior del país. Eso es el plus comunitario (rural) que se suma al ya existente movimiento popular (izquierda popular).
Finalmente, en el proceso y resultados electorales en el Perú se manifestan con los votos de la izquierda popular. Recordar que esto es hasta ahora el "movimiento popular sin partidos y sin líderes" de cada quinquenio. Posiblemente el candidato que encaje con sus demandas, aspiraciones y reivindicaciones capitalizará también en estas elecciones del 2026. Allí veo con más posibilidad y arraigo popular a Roberto Sánchez de Juntos por el Perú (JP). Afirmar esto es tomar posición política. Nuestras decisiones parten de nuestros (propios) análisis, principios y convicciones en "libertad", el mio es esto. No sé si fallé, acertaré o me equivocaré, pero uno tiene tomar posición frente a la coyuntura que nos viene con una aplanadora fujiporkista de la derecha extrema. Yo me siento de izquierda popular, parte de esa multitud de izquierdas sin partidos, escuelas, organización y líder como miles de quechuas, aymaras y amazónicos, como millones de peruanos y peruanas. No sé si nos vaya a cumplir o traicionar a nuestras apuestas el señor Sánchez o cualquier otro similar, pero ese movimiento popular ("izquierda popular") y ese voto antisistema estarán presentes y ojalá vigilantes. Asimismo, de aquí en adelante ojalá organizados contra el sistema (neo)liberal y sus emisarios.
Si ganamos o perdemos, pero debemos estar organizados, no hay otra alternativa. Si pocos o muchos, pero organizados. Andinos o costeños, sureños o norteños, pero organizados. Sí gobiernos o gobernados, pero organizados. Estas premisas deben ser las aspiraciones del pueblo (mayoría nacional-popular), ir más allá de nuestra pasividad electoral a la actividad política organizada. El fracaso de la izquierda popular y su voto antisitema en el Perú es su propia desorganización política de las masas y el sectarismo político de sus dirigentes. Esas dos paradojas merecen a tener más atención y superse. Entonces, la organicidad del movimiento popular, en todo sentido, tiene que pasar ineludiblemente de la "crítica trascendente" a la "crítica inmanente": Llaqtamanta llaqtap!
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