HEREJÍAS POLÍTICAS II
✍️ por Manuel Cuipa
En estas elecciones votaré por el partido Juntos por el Perú (JP), que encabeza Roberto Sánchez. Votaré leyendo a Richard Rorty y citando a Jorge Basadre —tranquilos, cucufatos tibios y alérgicos al movimiento popular—. Es un voto nada «políticamente correcto», a contracorriente de lo que te «educa» Rosa María Palacios o te «ningunea» Aldo Mariátegui.
Es un voto más allá del confort individualista que nos amilana, más allá de la isla del «emprendedorismo» en modo «autista social» que nos inocula la ideología neoliberal. Es un voto más allá de la microeconomía de la tribu (personal), un voto hereje para retomar la conciencia crítica del Perú adormecido, resignado: fujimorizado.
1. Contra fujimoristas estructurales y anti-fujimoristas superficiales
Es un voto para dar constancia de que las cosas en el Perú no están bien, aunque lo nieguen los voceros del inmovilismo. El malestar no es solo un problema moral ni político —como pregonan nuestros tibios «socialdemócratas»—, sino fundamentalmente estructural (económico). Esa bandera muchos quieren negar, olvidar e ignorar: solo se preocupan por su voto desde la seguridad económica de su «yo» tribal, desde «su yo fujimorista» estructural, sin repercusión social a nivel macro ni proyecto de país en su integridad. Son los solipsistas neoliberales; en el Perú, son los fujimoristas estructurales (con o sin Fujimori).
Asimismo, pocos partidos políticos se la quieren jugar contra ese monstruo sistémico; de ahí que veamos muchos topos, tibios y aspirantes aburguesados de las clases emergentes (indiferentes a su país en su totalidad). O vemos instalada una derecha retrógrada defensora de una burguesía vitalicia peruana, como diría Basadre: un Perú en modo «República aristocrática» y una economía de «prosperidades falaces» reincidentes.
La política y la economía peruanas están en constante retorno o continuidad, dinámica vigente desde el siglo pasado hasta hoy (siglo XXI). ¿Eso no es inaudito? ¿Eso no es patología histórica? A ese "statu quo", el pueblo (mayoría nacional-popular) lo cuestiona y rechaza, pese a la propaganda y la ideología de derechas fijadas en el subconsciente colectivo. ¡Pese a todo, repudia y reclama cambios! Pero a la «élite» política y económica eso le importa poco.
Ese pueblo que reclama un nuevo rumbo político-económico se expresó antaño con los votos a Ollanta Humala (Nacionalismo), hace poco con Pedro Castillo (Perú Libre) y hoy se capitaliza con Roberto Sánchez (Juntos por el Perú); mañana puede ser cualquiera. Si las cosas siguen igual, ¡cualquiera! Sin embargo, ese repudio y reclamo popular no necesariamente pertenece a una persona ni a un partido específico; no hay «dueños» de este movimiento social que cuestiona el modelo económico (estructural) y pide removerlo desde sus viejas bases.
2. Contra el neoliberalismo y el lumpen-liberalismo
Los votos electorales arriba señalados son los mismos ahora: contra ese continuismo profundamente «fujimorista en crisis», esto es, una decadencia a nivel del lumpenliberalismo económico y político. Para cambiar esa decadencia no bastan los discursos «fujimoristas en lo económico (estructural)» y «antifujimoristas en lo moral (superestructural)».
Porque esas dos hegemonías son justamente las que han normalizado y dominado el panorama político-electoral peruano de las últimas décadas, y así hemos transitado negativamente en el mismo círculo vicioso. La estructura y el modelo «fujimorista en crisis» (moral/económica) ¡necesitan replantearse profundamente!
Así que esos votos por JP no están desinformados, sino críticos y altamente politizados desde el sur y las regiones. Acompaño sin medias tintas esos votos contestarios. ¿Es voto descentralista? Sí. ¿Es voto antifujimorista? ¡Sí! ¿Es voto antisistema (antineoliberal)? Sí. ¿Es voto clasista? Sí. ¿Es voto identitario? ¡También!
¿Y la figura simbólica de toda esa conjunción es Pedro Castillo? Sí. Ojo, no es que Castillo sea un genio, estadista, intelectual ni gran político, nada por el estilo; más bien, Castillo es el símbolo de esos millones de peruanos y peruanas (clases trabajadoras y sectores populares) que sufren la misma exclusión estructural; a eso se suman la injusticia legalizada, los estigmas racistas y el terruqueo político. La identificación del pueblo con Castillo no es culto al líder, sino solidaridad de clase e identidad contestataria. Eso.
Si los científicos sociales de mi país no entendieron (mínimamente) eso, ¡sabré que estudiaron en vano! ¡Sabré que mienten, edulcoran o simplemente son cínicos! Es un voto contra esos funcionales, también. "¡Yachankiñam, llaqta runa!".

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