¡NO AL FRAUDE FUJIMORISTA!
ORGANIZACIÓN CRIMINAL (FUJIMORISMO) CERCA DEL PODER Y ESTALLIDOS SOCIALES EN EL PORVENIR
✍️Por Manuel Cuipa
1. La demonización de Roberto Sánchez
Roberto Sánchez es un político de origen católico con sensibilidad social, vinculado a la Teología de la Liberación. Sin embargo, la prensa limeña alineada con Keiko Fujimori lo denigró sistemáticamente, tildándolo de "comunista", "terrorista" y casi un monstruo, despojándolo de su condición humana. La campaña de difamación fue tan brutal que evidenció el monopolio del poder mediático, el cual nunca es democrático, independiente ni objetivo, sino un altavoz y portavoz de los grupos de poder económico y político. Hoy, ese poder se encarna en la candidata de la organización criminal denominada Fuerza Popular: Keiko Fujimori.
2. El fujimorismo y sus voceros mediáticos
El fujimorismo, como organización criminal, no resulta cuestionable para ciertos periodistas, analistas políticos y empresarios mercenarios que han hecho fortuna gracias al sistema de corrupción instaurado durante la dictadura de Alberto Fujimori (1990-2000). En la actualidad, muchos comunicadores que mantenían cierta distancia crítica con el fujimorismo han pasado a ser la "barra brava" de Keiko Fujimori. Entre ellos destacan Nicolás Lúcar, Rosa María Palacios, Juan Carlos Tafur, Augusto Álvarez Rodrich y Marco Sifuentes. Esta dinámica revela que el fujimorismo actúa como un agujero negro que succiona a sus nuevos y antiguos "chupamedias" de la prensa limeña.
3. El legado de la prensa comprada: los Vladivideos
La historia reciente del Perú, con evidencias como los Vladivideos (grabaciones clandestinas del año 2000), demuestra que la prensa limeña fue comprada y vendida como una mercancía en la sala del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) por Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Bastaban unos cuantos fajos de dinero para que incluso periodistas "críticos" cambiaran su línea editorial al mejor postor. De esa herencia corrupta nació la llamada "prensa chicha", que nunca renovó su pasado mafioso. En las regiones y el sur del país se le conoce como "prensa basura": La Razón, Expreso, Trome, Perú 21, Correo, El Comercio, Willax, Panamericana Televisión, América Televisión, Frecuencia Latina y Canal N. Hoy, sus periodistas compiten por ver quién es más "sobón" de Keiko Fujimori y quién se convierte en la caja de resonancia más potente de la organización criminal. Ese bodrio mediático de impronta fujimontesinista ya se vislumbra en el escenario actual.
4. Falsa equiparación: Sánchez vs. Fujimori
En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2021, entre Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) y Keiko Fujimori (Fuerza Popular), nunca estuvimos ante dos malos candidatos equiparables, como sostuvieron algunos informes periodísticos y analistas políticos reciclados, como Jorge Nieto. Las diferencias son abismales: una es la jefa de una organización criminal condenada moral y judicialmente (caso Cócteles, lavado de activos), y el otro era un candidato visto como "mal menor", pero con un proyecto de país inclusivo. Sánchez representaba la herencia política del castillismo, con arraigo popular y rural; Fujimori, en cambio, encarna la herencia directa del dictador, ladrón y asesino Alberto Fujimori. Las diferencias eran obvias y distantes.
5. Los delincuentes de cuello y corbata
Del lado de la organización criminal fujimorista se encuentran los mismos y nuevos delincuentes de cuello y corbata que han hecho del Perú su botín y su caja chica. Entre ellos: Miguel Torres, Luis Galarreta, Fernando Rospigliosi, Martha Moyano, Patricia Juárez, entre otros. Como bien sentenció César Hildebrandt, el único periodista que no ha cambiado en estos tiempos y ha combatido a derechas e izquierdas sin medias tintas: "Ser fujimorista es sinónimo de ser delincuente". Esta afirmación está más vigente que nunca en el Perú de hoy.
6. Las personalidades que respaldaron a Sánchez
Del lado de Roberto Sánchez se encontraban y se encuentran personas respetables como Alfonso López Chau, Mesías Guevara, Ricardo Belmont y otras personalidades que, más allá de sus diferencias, apostaban por un Perú viable, inclusivo y eficiente. Gente con voluntad de consenso democrático y lucha frontal contra la organización criminal que representa Keiko Fujimori. Por ello, las diferencias entre Fujimori y Sánchez eran cuantitativas y cualitativamente enormes, algo que la "prensa basura" nunca quiso matizar.
7. El verdadero "logro" de Keiko Fujimori
El mayor logro de Keiko Fujimori ha sido nunca haber trabajado, ni siquiera en una bodega de su barrio. Estudió gratis con dinero robado por el "Tío Vladi" (Vladimiro Montesinos) y, desde el Congreso, en la última década (2016-2026), ha vivido del presupuesto público sin generar ningún beneficio para el país. Su principal ocupación ha sido causar inestabilidad política mediante vacancias y golpes de Estado contra presidentes que no se sometieron a su mafia. Su último logro legislativo fue la aprobación del llamado "paquete pro-crimen", un conjunto de leyes que favorecen la impunidad y el crimen organizado, incluido el de su propio partido. El fujimorismo representa, en sí mismo, la organización criminal desde el poder político y económico en el Perú actual.
8. La persecución a José Domingo Pérez
La prensa mercenaria del fujimorismo ha demonizado a las personalidades que se adhirieron a Juntos por el Perú, como el doctor José Domingo Pérez, exfiscal que investigó y descubrió que Fuerza Popular no era una agrupación política, sino una organización criminal dedicada al lavado de activos (caso Cócteles, Odebrecht, BCP, etc.). Este prontuario, revelado por Pérez, desató una persecución mediática, empresarial y judicial en su contra. Hoy lo difaman y lo tratan como a un demente, replicando las tácticas del fujimontesinismo: difamar sistemáticamente a la oposición desde la prensa.
Es pertinente recordar que, en los años 90, la propia madre de Keiko Fujimori, Susana Higuchi, la describió en declaraciones públicas como alguien que "prefirió el dinero sucio de su padre" y la calificó como "mala, cara de diablo" e incluso "psicópata". En todo caso, el "loco" no es Domingo Pérez por luchar contra la corrupción, sino Keiko Fujimori por su afán de concentrar el poder a cualquier costo.
9. El ensañamiento con Gustavo Gorriti
La organización criminal también se ha ensañado con el periodista Gustavo Gorriti, de IDL-Reporteros. En los años 90, Gorriti fue secuestrado por orden de Alberto Fujimori; en el 2000, fue uno de los periodistas que alzó la voz y animó la marcha de "Los 4 Suyos" contra la dictadura. En tiempos recientes, reveló cómo la mafia fujimorista controlaba el Poder Judicial y el Ministerio Público a través de los llamados "Cuellos Blancos" y "Los Hermanitos". Frente a estas evidencias, el fujimorismo ha recurrido a la guerra sucia, la difamación mediática, agresiones físicas, amenazas de muerte y ataques personales perpetrados por su grupo de choque, "La Resistencia" o "La Pestilencia", que hostiga a periodistas, intelectuales y funcionarios que no se pliegan al despotismo naranja.
Gustavo Gorriti es limeño, pero no pertenece a la mafia mediática. Aunque algunos lo tildan de "caviar" —término que no debería ser un insulto, sino sinónimo de una derecha moderada y dialogante—, en este país de podredumbre fujimorista debe primar la unidad democrática mínima y el reconocimiento a personas como Gorriti, más allá de las diferencias ideológicas o de clase.
10. El caso Antauro Humala y la manipulación histórica
De manera similar, la mafia fujimontesinista ha demonizado al mayor Antauro Humala, quien en un arrebato de indignación propuso el "paredón o pena de muerte para presidentes corruptos y vladigenerales". Siendo consecuente con su prédica etnonacionalista, se levantó en rebelión durante el Andahuaylazo (2005) contra el gobierno "corrupto y vendepatria" de Alejandro Toledo. Los fujimoristas y vladigenerales que firmaron el Acta de Sujeción no defienden la democracia genuina; son rezagos de la dictadura y del autogolpe de 1992. Durante el Andahuaylazo, francotiradores del Estado acribillaron por la espalda a policías, pero la prensa limeña cargó toda la culpa sobre Antauro, sin investigación neutral, y se le impuso una sentencia de 18 años de prisión, un escarmiento mediático y legal de por vida.
Figuras como Carlos Álvarez, el bufón de Montesinos, ridiculizaron a Antauro como a cualquier militar drogadicto, ocultando su perfil de rebelde antifujimorista. Sin exculparlo de sus responsabilidades, es evidente que en este país hace falta una dosis de verdad, en un escenario enmierdado por la mafia fujimorista en la política, el periodismo y hasta el humor. La verdad nos haría libres e iguales, pero la prensa fujimorista controla la opinión pública y manipula la verdad histórica.
11. El golpe a Pedro Castillo y el racismo estructural
De la misma forma, la organización criminal, la ultraderecha y sus mercenarios satanizaron al expresidente Pedro Castillo (2021-2022). Durante su gestión, Castillo se negó a firmar una Hoja de Ruta con la CONFIEP y a otorgar apoyo económico a la gran prensa limeña —favores que todos los presidentes anteriores concedían—. Además, anunció (aunque sin ejecutar) que revisaría los Contratos Ley que benefician a grandes empresas extranjeras. Pero el hecho más simbólico fue la llegada de un campesino, rondero y rural al Palacio de Pizarro, lo que desató un odio visceral, racista y clasista por parte de la derecha y ultraderecha limeña, que nunca toleró que la "plebe" llegara al poder mediante el voto popular.
Entonces se desencadenó un "golpe coordinado", como lo confesó el propio Miguel Torres, adláter de Keiko Fujimori. Ese golpe contó con la complicidad de la prensa, la Fiscalía, el Poder Judicial y el consorcio empresarial. Castillo fue destituido de manera inconstitucional, y en su lugar se impuso a Dina Boluarte como "sirvienta" del fujimorismo y de los grupos de poder. Este es el Perú actual: un orden colonial, clasista y racista, controlado por la mafia fujimorista, que ejerce un proyecto autoritario con influencia decisiva sobre todas las instituciones del Estado.
12. El falso cuco de Venezuela y la omisión de Argentina
La mafia fujimorista y su prensa mercenaria han insistido en que un gobierno de izquierda convertiría al Perú en Venezuela o Cuba. Esta narrativa se ha repetido en las elecciones de 2006, 2011, 2021 y 2026. Sin embargo, el fujimorismo omite mencionar el caso de Argentina, donde el ultraderechista Javier Milei prometió prosperidad y lucha contra "la casta", pero ha sumido al país en una crisis política y económica sin precedentes, al punto que los argentinos consumen carne de burro y mascotas por falta de alimentos. Lejos de cuestionar a Milei, el fujimorismo mediático y político culpa a la población y a gobiernos anteriores. Esto anticipa que, en un eventual gobierno de Keiko Fujimori, se llevaría al Perú a la bancarrota y se culparía del desastre a los gobiernos que ellos mismos auspiciaron (Boluarte, Jerí, Balcázar).
13. La selectividad del miedo: México y Colombia
El fujimorismo siempre cita a Venezuela y Cuba, pero nunca menciona a México, gobernado por Claudia Sheinbaum, ni a Colombia, con Gustavo Petro, ambos países con gobiernos de izquierda que muestran estabilidad política y avances en la democratización de la educación, la salud y la economía. El fujimorismo, como brazo político de la derecha más lumpen y macartista, no citará esos casos, porque desmontan su narrativa. Tampoco aclara que Venezuela, gobernada por Delcy Rodríguez, negocia con Donald Trump, y que la calificación de "dictadura" o "democracia" depende de los intereses petroleros de Estados Unidos. ¡Vaya democracia "Made in USA"!
14. El fujimorismo como caballo de Troya de los poderes fácticos
El fujimorismo es el caballo de Troya de los poderes fácticos en el Perú. La CONFIEP actúa como una banda económica que solo piensa en engordar sus bolsillos, favoreciendo a grandes monopolios y oligopolios, sin considerar a las clases populares ni medias. Esta élite replica el rol del "Tribunal del Consulado" en la colonia, que financiaba a los realistas contra los patriotas. Hoy, la CONFIEP financia a la organización criminal que lidera Keiko Fujimori. La burguesía peruana mantiene así su impronta parasitaria y antinacional, sin patria ni visión democrática. Utilizan al fujimorismo (o a Rafael López Aliaga) como pitbulls rabiosos para saquear, vender y robar el Perú, y asesinar al pueblo si protesta. El "pueblo" se define como mayoría nacional-popular, opuesta a la élite; no todos son pueblo ni lo defienden. El fujimorismo es la punta de lanza de ese poder fáctico que detenta el poder real por encima del gobierno y las instituciones.
15. La amenaza privatizadora: Petroperú y los recursos estratégicos
En un hipotético gobierno de la organización criminal, se aplicaría la doctrina lumpen-liberal: rematar los recursos estratégicos a privados. Petroperú, la empresa estatal de hidrocarburos, sería privatizada, siguiendo el pensamiento "vendepatria" de la derecha peruana. Esto contrasta con países vecinos que mantienen empresas estatales competitivas: Ecopetrol (Colombia), ENAP (Chile), Pemex (México) y Petrobras (Brasil). La burguesía peruana, representada en el fujimorismo, actúa como un burdo vendedor ambulante de los recursos de todos los peruanos.
16. El retroceso social y laboral
El fujimorismo, si llegara al poder, aplicaría la política económica neoliberal más salvaje: privatizaría el agua, la educación y la salud pública, y flexibilizaría los derechos laborales, precarizando a los trabajadores. Esto ya lo hizo Alberto Fujimori en los años 90. Programas sociales como Beca 18 y Pensión 65 estarían en riesgo de recortes o clientelismo. La corrupción fujimorista es un sistema que corroe a pobres y ricos, y su estructura de organización criminal le permite delinquir en todas las áreas del Estado y del sector privado.
17. Censura y represión: la lección de las protestas
En un gobierno de la organización criminal, se reinstauraría la censura a las voces disidentes y se judicializaría y "terruquearía" cualquier protesta. El "orden" significaría balas contra el pueblo, como ya ocurrió durante el golpe cívico-militar de Dina Boluarte. Más de 70 peruanos fueron asesinados en el sur del país y otras regiones durante las protestas de diciembre de 2022 y enero de 2023, y hasta ahora no hay justicia. La prensa mercenaria limeña nunca denunció estos crímenes con la misma vehemencia con que defiende al fujimorismo. La herida nacional es profunda y no cicatrizará en los próximos cinco años.
18. El fraude y la intervención externa
La organización criminal está cerca de llegar al poder, y si lo logra, será gracias a la intervención de la embajada estadounidense (con figuras como Bernie Navarro), el apoyo de encuestadoras como Ipsos (cuyo representante, Alfredo Torres, fue visitante del SIN), la tibieza de Jorge Nieto Montesinos (sobrino de Vladimiro Montesinos), y el fraude en las mesas de votación en el extranjero (Argentina, España, EE. UU.) y en Lima Metropolitana, así como la impugnación de mesas rurales que favorecieron a Juntos por el Perú en Puno. El porvenir del fujimorismo, si llega al poder, está desacreditado desde su origen y su pasado. La ciudadanía informada, incluso en las zonas más alejadas, debe responder con el antifujimorismo, que reúne a todas las fuerzas vivas y democráticas. La pregunta cardinal que los "chupamedias" de Keiko no responden es: ¿Hay consenso y reconciliación posible con una organización criminal desde el poder?
19. La respuesta ciudadana: fraude, movilización y reconteo
Frente a los primeros indicios de una aparente victoria de la organización criminal, han surgido más evidencias de fraude y leyes que otorgan carta blanca a la policía para disparar al pueblo. La prensa basura limeña, lejos de enmendarse, continúa en campaña por el fujimorismo. Ante este escenario, no hay posibilidad de que Roberto Sánchez se mantenga diplomático. Es necesario evidenciar el fraude, movilizar al pueblo y exigir un reconteo de actas. Nada está perdido. No se debe dar crédito ni solvencia a un asomo de poder de la organización criminal, que cuenta con su centro mediático, empresarial y político para perpetuar la farsa democrática, con la complicidad de la ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones, ambos en manos del rezago fujimorista.
20. David contra Goliat: la lucha democrática
La red mafiosa del fujimorismo y del poder fáctico es una maquinaria poderosa. Pero la lucha del pueblo contra esta élite es como la de David contra Goliat. La gente con memoria, la gente informada y la gente asqueada del sistema de corrupción fujimorista estarán del lado de la verdad, la justicia y la transparencia. La mafia mediática, económica y política, en cambio, siempre estará del lado del poder, del lado de la élite, del lado de la organización criminal.
La lucha democrática que se viene contra el fujimorismo y sus secuaces es, sin duda, la metáfora de David (el pueblo) contra Goliat (la élite).
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Fuentes y referencias históricas
· Vladivideos (2000): Grabaciones que evidenciaron el soborno a periodistas y empresarios por parte del régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.
· Caso Cócteles (2017-2021): Investigación fiscal que llevó a prisión preventiva a Keiko Fujimori por lavado de activos y organización criminal.
· Andahuaylazo (2005): Rebelión de Antauro Humala contra el gobierno de Alejandro Toledo.
· Marcha de los 4 Suyos (2000): Movilización ciudadana contra la dictadura fujimorista.
· Golpe a Pedro Castillo (2022): Destitución inconstitucional del presidente Pedro Castillo y posterior represión en las protestas de diciembre 2022-enero 2023, con más de 70 fallecidos (fuente: Defensoría del Pueblo).
· Elecciones 2006, 2011, 2021 y 2026: Procesos electorales en los que se utilizó el "cuco" de Venezuela para desacreditar a opciones progresistas.



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