LOS ESPECTROS (RESEÑA)

Elguera Olortegui, Christian. Los espectros. Lima, Petroperú-Copé: 2025, 270 pp.


Por Manuel Cuipa Chancahuaña


1. Introducción 

Es una narrativa peruana que fue ganadora del Premio Copé de Oro 2023. Una extraordinaria novela más allá de la ficción y creatividad literarias —tales análisis vamos a dejar a los especialistas y críticos literarios—, y nos vamos a concentrarnos en resaltar el contenido crítico de la novela que va en dos dimensiones que se intersecan: traducción de archivo político-histórico y posición política-ética (filosófica moral). Dos mensajes más gravitantes del libro, uno que es descriptivo y otro normativo e interpelación contra el poder (espectros) y sus súbditos del poder (políticos e intelectuales rastreros) del siglo XX, donde sus fantasmas y estructuras operan con total impunidad, también siguen en el presente. Retratadas en el personaje siniestro de Eudocio Ravines, quien se autoproclamaba: "el perfecto militante, el mejor conocedor del marxismo, el estratega de la lucha de clase contra clase". El emisario del espionaje de la KGB rusa, también el colaborador de la CIA norteamericana. El comunista más dogmático que renegó de las defensas indígenas de Mariátegui y luego el anticomunista más rabioso, autor del libelo macartista "La gran estafa". Eudocio Ravines es el político de "mil pieles y mil máscaras": el amigo íntimo de Pedro Beltrán Espantoso y aparente enemigo del conservador derechista, el cómplice de los complot políticos y compañero de ruta de Víctor Raúl Haya de la Torre, aunque simulaba como el enemigo del aprismo. Ravines también es el espía personal y torturador de José Carlos Mariátegui, pero le engaña como el militante más abnegado y "amigo" suyo.   

    Eudocio Ravines es el prototipo del político abyectamente camaleónico y sin escrúpulos —como la mayoría de los políticos del presente y pasado— siempre en el vil oficio de traicionar a otros y traicionarse a sí mismo, para así ascender en el poder solo sirviendo al poder. Ravines para ejecutar sus planes turbios utiliza varias identidades: camarada Jorge Montero en Chile, Omar Estrella en Bolivia. Asimismo como el periodista Chong Segeik, el judío Miguel Adler (supuesto colaborador de Mariátegui), como la profesora Anna Melissa Graves (mecenas y hasta la musa sentimental de Haya de la Torre) y entre otros nombres falsos. Eudocio Ravines es todo un embaucador experimentado y maestro del "otrarse". También es el asesino de Andrés Nin, Aldo Marcucci, Julio Antonio Mella, Tina Modotti y entre otros asesinatos. Ravines es el criminal e intelectual mercenario de la poderosa mafia política que encarnan los Espectros. Aunque él solo es el ejecutor "eficiente" del orden de sus titiriteros superiores: los Espectros.

   ¿Qué son los Espectros? Los Espectros en la novela de Christian Elguera alude como metáfora a los poderes fácticos. Son esas estructuras, sujetos y organizaciones que dirigen la economía política de las sociedades. Son seres concretos y directos del poder, pero secretos e invisibles para la mayoría de las personas. Sus mandatos y órdenes las dirigen desde las sombras, a través de sus súbditos leales como Eudocio Ravines. Los Espectros son los titiriteros del poder, o mejor dicho estructuras del poder, que van más allá de derechas, centros e izquierdas, más allá de las superestructuras ideológicas. En realidad son los Espectros (o los poderosos)  que gobiernan a través de sus lacayos y emisarios. La política aplicada que conocemos es entonces solo un juego espectral del poder (y poderosos), las actuaciones que vemos de los políticos de turno son simplemente un gran teatro espectral. Consideramos Los espectros más que descripción del poder es una novela contra el poder y sus fuerzas oscuras. El autor a través de sus personajes cuestiona a los políticos rastreros del poder e intelectuales que se venden al servicio de los Espectros.


2. Contenido y personajes 

La novela lleva cuatro capítulos y un apéndice: 

I. Tiempo de plagas.

II. Filosofía de la estafa.

III. Morir de no morir.

IV. Maquinaria de la noche.

Apéndice: “Eudocio Ravines o la traducción purpurada”. 

    El argumento y desarrollo de los capítulos de la novela lo vamos a dejar para el deleite de los lectores, pero intentaremos un esbozo sintético de la personalidad y actitud de sus protagonistas: Eudocio Ravines: es quien narra sus "hazañas", locuras, sus manías e impostura: su filosofía de la estafa. Este lameculo de los Espectros se considera a sí mismo un político "práctico" y "realista", "racional" y "científico". Este embaucador de sus aliados, "amigos" y propia familia, también se ufana de su miseria moral: "Yo soy Eudocio Ravines, quién nunca amó a su madre ni a su esposa ni a sus hijos”. Este "angelito" no conoce la confianza ni en su propia sombra, ni sabe deletrear el lenguaje de la verdad. No da ni recibe el amor genuino, tampoco no tiene la noción básica de qué es la justicia y ética política. Porque todo su comportamiento y pensamiento están basadas en la manipulación, en el arte del engaño. 

Alberto: es el historiador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, doctorado en Princeton e investigador de la vida y obra de Ravines, a quién impugnará sistemáticamente su trayectoria nefasta y también revelará sus nexos con los Espectros. Alberto en su interpelación contra Ravines, también a Haya, Sánchez y otros emisarios del poder confrontará bajo la figura consecuente de José Carlos Mariátegui y Magda Portal. 

Palacitos: es el viejo amigo y excompañero universitario de Alberto, un sujeto ordinario y "caserito" de los bares del centro de Lima. Un tipo hábil para las "triquiñuelas, argollas y pendejadas". Su personalidad topo y deshonesto hacen de Palacitos un candidato potencial a la causa espectral, razón que entablan relación con Ravines para hacer sus "negocios": perpetrar el crimen contra el historiador, cuando este terminaba de escribir un libro y acabada de dictar un conversatorio en San Marcos que trataba justamente del prontuariado de Ravines.

Mariátegui: es el periodista, político y pensador más importante del Perú y Latinoamérica. Su preocupación ha sido la de forjar un marxismo situado para la realidad concreta (peruana): "sin copia ni calco" de otras latitudes. Fundador de la revista Amauta, del Partido Socialista (PS) y de la Confederación General de los Trabajadores del Perú (CGTP). Autor de una vasta bibliografía, defensor de los indígenas y las mujeres. Entre Ravines y Mariátegui hay una distancia abismal y contrastes enormes, pero uno en particular es lo más inquietante: su último libro de José Carlos. En la novela, Mariátegui le confía y encarga a Ravines la publicación de su texto en España, pero este se robará el manuscrito y nunca llegará a su destinatario. Mariátegui se muere sin ver impresa su última y definitiva obra (ya veremos más adelante en qué y dónde terminó el manuscrito del Amauta).

También están los personajes secundarios en la novela. Víctor Raúl Haya de la Torre: político caudillo y fundador del APRA, el enemigo de Mariátegui y cómplice de Ravines. El quien negoció con los presidentes más retrógradas del Perú: Haya-Prado (con gobierno aristócrata de Prado Ugarteche) y la convivencia APRA-UNO (con la dictadura de Odría). Finalmente Haya es reclutado como el emisario de los Espectros. 

Henri Barbusse: agente del gobierno ruso y parte de los espectros (ojo, los Espectros no son comunistas, porque su poder se infiltra más allá de los regímenes comunistas y progresistas). Barbusse es amigo y maestro de Ravines, a quien le obsequiará un talismán en un cofre: una mandrágora, una raíz vegetal en forma humana para que el astuto político peruano tenga siempre la protección y vida inmortal. Por eso, Ravines en la novela nunca muere, aunque tenga más de cien años. Este giro creativo del autor con el símbolo de la mandrágora quizás nos remita a muchos y otros Ravines y su espíritu farsantes que siguen vigentes en la mayoría de los políticos e intelectuales actuales.

William Buckley: es el agente de la CIA, quien coordinará en México la publicación del infame texto anticomunista de Ravines "La gran estafa" traducida a la versión inglesa. Es el panfleto que habitará los anaqueles de los fascistas.

Sue Vaillant: es la traductora al inglés del libro La gran farsa bajo título de The Yenan Way, se hace pasar como una mujer conservadora de derechas siendo una activista comunista, con propósito de seguir los pasos y desenmascarar al "camarada" Jorge Montero (o Eudocio Ravines). 

César Vallejo: es el poeta peruano de convicción revolucionaria, amigo de Mariátegui y de Haya, de este último sospechará, en su encuentro en Alemania, sus inclinaciones nazis del aprista y su relación con el mafioso Eudocio Ravines. 

Julio Antonio Mella: militante cubano que enfrenta y polemiza contra Haya. Fue asesinado bajo el plan secreto de Ravines y del fundador aprista.

Ezequiel Urviola: líder y activista puneño (quechua-aymara), colaborador y amigo de Mariátegui. A quién le conocían como el q'opo o "jorobado" y el "enano". Él invocará por seguir el ejemplo del Amauta para que ni la pierna mutilada ni la muerte (la chiririnka) apaguen su legado del kamaq (alma matinal) y la lucha a favor de los indígenas: para forjar una nueva "política de illas" (distinto de los caudillos y criollos).


 3. Traducción de archivo histórico-político 

   Considero que su trama narrativa de Christian Elguera desborda más allá de los muros de la ficción y creación artísticas hasta trascender a una pesquisa histórica, a través de la figura central de uno de los personajes como Alberto (el historiador). A propósito, Alberto es quién personifica y alude al historiador e intelectual peruano Alberto Flores Galindo, un gran académico de vigencia para nuestra realidad. Flores Galindo fue estudioso de la cultura andina con perspectiva hacia el futuro —no pasadista— y concatenada esta herencia milenaria con la crítica marxiana occidental, de manera más creativa y posible (nada utópico). Alberto Flores Galindo es el mejor síntesis de la vida, obra y el pensamiento que oscilaban entre las improntas de Mariátegui y Arguedas, pero sus propuestas van más allá de estas dos lumbreras y brilla con luz propia en originalidad y criticidad de las ciencias sociales contemporáneas y contra el estatu quo imperantes.

  Señalamos que es una novela de traducción política-histórica, porque rastrea las acciones e ideas, de sus protagonistas en un contexto sociopolítico concretos del siglo XX peruano y en la tensión internacional de la Guerra Fría. Como dice el propio autor: "La novela refleja mi sed de pesquisa y archivo" (p. 258). Aunque el autor aclara también que su novela es una "traducción purpurada": una propuesta de creación y traducción imperfecta que “excede y sobrepasa la biografía histórica”. Aún siendo así nos proporciona una narrativa histórica-política por la riqueza de sus datos, fechas, sus citas textuales y bibliografías de historiadores y estudiosos como Peter Klarén, Jeffrey Klaiber, Roland Barthes, José Luis Rénique, Pedro Planas, Martín Bergel, José Aricó y otros autores que pueden ser corroboradas sus fuentes en la historiografía reales y desde esa materia prima (o materialidad histórica) están matizadas la narrativa creativa y novela propositiva.  

   Asimismo, para sostener nuestra lectura en clave político-histórico nos basamos, en los personajes que aparecen a lo largo de la novela, un conglomerado de importantes referentes de la escena política e intelectual nacional y de otras latitudes: César Vallejo, Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, José de la Riva Agüero, Víctor Andrés Belaúnde, José Carlos Mariátegui, Gamaliel Churata, Luis. E. Valcárcel, Ezequiel Urviola, Saturnino Huillca, Pedro Beltrán Espantoso, Augusto B. Leguía, Manuel A. Odría, Juan Velasco Alvarado, Alberto Flores Galindo, Sebastián Salazar Bondy, Magda Portal, Sylvia Moore, Martha Vergara, Tina Modotti, Julio Antonio Mella, Pablo Neruda, Vittorio Codovilla, Lenin, Mao Zedong, Henri Barbusse, William Buckley, etc. Asimismo aparecen referencias a institución como el Club Nacional, el Partido Comunista Peruano, APRA, y las publicaciones como la revista Oiga, Amauta, Kuntur, La Prensa, Claridad, El Comercio... Finalmente, cuando decimos una novela histórica-politica de Los espectros no se confundan los cientistas sociales con la misma reincidencia que pasó a la novela Todas las sangres de Arguedas (Mesa Redonda en el IEP, 1965), sino tener una lectura entrelíneas e intersticios de la traducción de la historia y la política concretas con la creación literarias, a decir de Octavio Paz: Traducción y creación como operaciones gemelas. 



4. Posición política-ética (filosofía moral)

   Christián Olortegui, a través del personaje Alberto (aludido en Flores Galindo), y Mariátegui no solo se dedica a describir la corrupción política del poder "tal como es" sino toma una postura al respecto e invita esa ruta inventiva para confrontar y transformar en "lo que debiera ser". Tener esa perspectiva "lo que debiera ser", que no está explícitamente en la novela, pero se puede leer en ese horizonte, eso es una invitación normativa o postura normativa de ética política, por ende una filosofía política (moral). Desde su dedicatoria inicial para su querida hija es tajante la posición tomada: "para Illary, para siempre confrontar toda injusticia y corrupción", también acompaña con un potente verso crítico en quechua contra los farsantes —o contra los Ravines— en la pluma del poeta Washington Córdova Huamán: “Iskay uya, llunk'u, mawla, runa sipiq, suwa, llulla, qara uya". Entonces, la novela Los espectros está escrito desde una perpectiva ética (política) y desde el pathos de la indignación. El autor nos señala así: "Por esto escribí esta novela con rabia. (...) Era mi rabia en contra de las repartijas, de las jugarretas, las argucias, las caretas que han provocado el caos político que ha caracterizado nuestra vida republicana. Ravines era la quintaesencia de este caos" (p. 256). Una justa indignación contra los políticos venales, mercenarios y conversos. Una especie de denuncia y "ajuste de cuentas" sin medias tintas contra todos los Eudocios, los Palacitos y sus cómplices, desde luego contra los Espectros, o sea, los poderes fácticos. 

   Veamos las posiciónes politica y ética enfáticas en el personaje Alberto, por ejemplo iniciando la conferencia en San Marcos: "No solo hablaré de de un traidor, sino de sus jefes. Desde mi pequeña cantera enjuiciaré a fuerzas que son más fuertes que yo, o que cualquier presidente, pero como diría Mariátegui en su polémica con Sánchez no puedo solo ser espectador" (p. 49). Así, a lo largo de la novela Alberto es frontal contra los embustes de Ravines y la relación con los Espectros desde una posicíón tomada (filosofía moral): "Por mi parte, me hecho cargo, acaso abanderado de un deber moral, de rastrear y esa relación malévola entre Ravines y los espectros" (p. 54). En la crítica a Ravines y singulares actores políticos como él, el historiador (Alberto) también cuestionará a Haya, su demagogia y falta de profundidad en sus propuestas: "En lo escrito por Haya en la década de 1920, nunca apreciamos un mundo, solo combinaciones confusas, ideas copiadas, e incluso juicios ignorantes y mezcolanzas sobre Lenin, antiimperialismo y revolución" (p. 88), y a su respectivos serviles del caudillo, por ejemplo contra los intelectuales sumiso e incondicionales, como el escudero del jefe aprista, Luis Alberto Sánchez, dirá: "En un nivel estrictamente literario, resulta sorprendente cómo Sánchez en su "Literatura peruana" escamotea elogios a Vallejo o Eguren, pero no se avergüenza cuando dice que la obra de Haya destaca por un "estilo elegante". ¿Cuánto del peor Sánchez han heredado reseñistas y críticos literarios que afirman incontinentes que sus amigos, sus cumpitas, han publicado "La novela más importante del Perú" o que son "el gran novelista peruano contemporáneo"? (p. 88). Como bien sabemos los sendos ataques del aprismo contra Mariátegui eran desde distintos ángulos, como calificando de un dilentantismo "europeizante" por Haya o como un "indigenista" por Sánchez, al respecto afirmará Alberto: son infamias desde la argolla y deshonestidad intelectual, "Este gesto sorprende en el epónimo L.A.S., siguió denigrando a Mariátegui durante décadas, pero que por un repentino arranque humanista decidió borrar todos los errores de Ravines, acaso dejando,  la primera semilla de quiénes querrán vendernos a un monstruo como un intelectual apasionado (...) para nosotros, ni en mil vidas, Ravines podrá lavar los daños que hizo a nuestro país y la desición de Velasco por quitarle la nacionalidad peruana , afirmamos, que fue demasiado débil y tardía" (p. 105)


   Hay una posición política y ética coherentes del personaje Alberto en la novela de Christian Elguera, en contra de los Espectros (poderes fácticos), las jugarratas de Ravines, el servilismo intelectual de Sánchez y las caretas de Haya, veamos en el siguiente: "Como dije antes, lo que aquí estuvo en juego fueron modos antagónicos, de entender la política peruana. Por un lado, Haya, como lacayo de los espectros, representando los "métodos criollos" que terminarían virando hacia la derecha y el autoritarismo con un disfraz democrático. (...) Haya, en complicidad con Ravines, significó el continuismo de las repartijas, las argolla, las tajadas, corrupción y populismo maquinado por los espectros" (p. 117). Vemos aquí, al historiador que toma partido por la perspectiva política-ética compatible con Mariátegui (una postura por un socialismo coherente); en contra de los fraudes y dobleces de los Ravines de turno: "Ravines se une a los soviéticos o a los estadounidenses según los mandatos de los espectros, pero no puede negarse que sus actos fueron más nocivos para el comunismo. No solo se trata de cambiar bando, sino de poner en tela de juicio cualquier ética, cualquier compromiso comunista" (p. 213). Como venimos soteniendo la novela Los espectros es una narrativa de archivo o traducción histórica-política y una posición ética-política, por ejemplo concentrémonos en este rastreo y pesquisa de Alberto: "Ahora veamos una siguiente foto tomada por Tulio Cusman. Esta fue publicada en la revista Oiga, el 11 de diciembre de 1964, y fue acompañada con una crónica de Leonidas Zarazu. En esta imagen Ravines, Haya, Beltrán y Odría almuerzan y beben como jerarcas romanos. (...) Ahí los pueden ver en cháchara jovial, degustando potajes, manchando manteles, urdiendo juntos una nueva crisis para el país. Esta es una de las fotos que mejor ejemplifica el modo de hacer política en el Perú: cerrando tratos a escondidas" (pp. 220, 221). Y sigue: "para los espectros, allí están sentados sus siervos más fieles y efectivos, urdiendo un nuevo complot" (p. 223). 

   Para el historiador Alberto, quienes se enfrentaron a esta mafia política de la argolla criolla (Ravines-Beltrán-Haya-Odría) de 1964 fueron entre otros como Sebastían Salazar Bondy en la revista Oiga en su columna Rocoto Relleno. Asimismo, Alberto rescata a la poeta, política y feminista peruana Magda Portal quien enfrentó a Haya y sospechó su relación con el engañifa Ravines y nexo con los Espectros, en una novela que titula La trampa,  aunque fue silenciada sus denuncias. "Portal estuvo muy cerca de revelar estos secretos en su novela "La trampa" o, como ella diría, de desenmascarar "al APRA como un movimiento pequeño burgués, entreguista y traidor". Dicho sea de paso, La trampa debe ser una lectura obligatoria para conocer cómo quienes desean poder son capaces de cualquier crimen, destruyendo cualquier vida por precaria que sea" (p. 234). En lo que respecta sobre el último libro de Mariátegui, esta es una creación ficticia o figura lieteraria en la novela (como lo es la mandrágora). Sin embargo, Alberto enfatiza en una perspectiva mariateguiana de largo aliento y como tarea a continuar: "No sería descabellado creer que los espectros hicieron desaparecer este libro, que Ravines lo robó, pero no me atrevo a afirmarlo. Además, como ya he dicho antes, no es productivo pensar por qué el libro no ha llegado a nosotros, sino que deberíamos reconstruir su posible contenido, volver al último Mariátegui para encontrar algunas respuestas(p. 230).


   Finalmente, la presente novela de Christian Elguera está analizada desde una exégesis deliberada, a través de dos fuentes que nos proporciona, como hemos visto: archivo o traducción histórico-político y posición política-etica (filosofía moral). A la primera lectura he percibido una tensión como de los tres "universos" en conflicto: "el mundo de los espectros" (poderes fácticos), "el mundo de los súbditos" (acomodaticios al poder) y "el universo mariateguiano" (críticos coherentes del poder). Por lo dicho, consideramos a Los espectros una novela mariateguiana, es decir, Christian Elguera con esta narrativa (en particular) es un autor mariateguiano. Porque intuye y propone  horizontes bajo su impronta de José Carlos Mariátegui, y cuestiona radicalmente a través del personaje Alberto a toda farsa política, propio de los intelectuales y políticos rastreros como Ravines, Haya, Sánchez y otros, contra ese vicio de sucesión o "dinastías espectrales" es frontal la novela. Considero que Los espectros está dentro del universo (textual) mariateguiano y debe ser lectura obligatoria para activistas, académicos y políticos de las izquierdas que pregonan ser "marxistas puros" como Ravines (o sea, marxistas vulgares, dogmáticos y a la vez felones). También debe ser lectura para los politólogos descriptivos de hoy, que desde su "neutralidad" académica, encarnadas en su desohonestidad liberales escamotean supuestos "objetividades", pero sin cuestionar a los Espectros ni arriesgarse un horizonte normativo contra la injusticia y la corrupción, sin el pathos de la indignación ni proposición.            Desde nuestra interpretación resaltamos la importancia del mensaje crítico de la novela Los espectros, en sentido contrario a la máxima de Nietzsche: "no hay verdades sino interpretaciones", nuestra lectura discrepa con toda esta desidia nihilista, y subrayamos más bien lo siguiente: seguro que hay interpretaciones, pero por supuesto, tambien hay verdades. Hay verdades porque hay falsedades, porque hay los Ravines y porque hay los Espectros. Por lo tanto, para tener un norte, una propuesta y así avanzar: ¡hay que tener primero la claridad de la falsedad para reconocer la verdad! Y, buscar la verdad hasta sus últimas consecuencias.

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