ALBERTO FLORES GALINDO - RESEÑA

 


Alberto Flores Galindo. La ciudad sumergida. Aristocracia y plebe en Lima 1760-1830. Fondo Editorial PUCP, 2023, 320 pp. 


✍️Por Manuel Cuipa



Este 2026 es año de elecciones en el Perú, y Lima sigue siendo la ciudad sumergida como en el título de este libro. Sumergida entre la plebe y la aristocracia: entre Las Casuarinas (zonas pudientes y enrejadas contra la "indiada" plebeya) y las Esterinas (barrios de los conos, cerros y arenales sin servicios básicos). Ese desequilibrio está en la misma capital del Perú, sin imaginar cómo estará en el interior del país. Lima actual también está muy distante de las regiones, como lo estuvo en la época virreinal: "Lima está más separada del Perú que de Londres", habría dicho el explorador científico Alexander von Humboldt en 1802. Muchos años después, la desconexión de la capital con las regiones sigue vigente.


Desafortunadamente, este contraste tiene larga data: desde antes de la "independencia" peruana y desde los tiempos del virreinato. El todopoderoso Tribunal del Consulado de entonces se asemeja a la actual omnipotente CONFIEP. Los grupos de poder dominantes de ayer solo han cambiado de nombres o han mutado en métodos y personajes hoy. Entonces, el Perú, y precisamente Lima, tiene la longevidad del "orden colonial" de largo aliento que Alberto Flores Galindo describió en este trabajo. El peso del legado colonial, sus taras nefastas, aún se perpetúan. “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa" diría Karl Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte. 



Este texto —Aristocracia y plebe en Lima, 1760-1830— fue la tesis doctoral de nuestro autor, defendida en la Universidad de París (1982), aunque su investigación se remonta a 1972, bajo el aliento de Fernand Braudel, Pierre Vilar y Ruggiero Romano —este último, su director de tesis—. En sus preliminares, Flores Galindo señala que este trabajo se debe también a discusiones, objeciones y alcances de científicos sociales peruanos: Pablo Macera, Steve Stern, Julio Cotler, Luis Pásara, Gonzalo Portocarrero y Guillermo Nugent. Esta nueva edición (2023) está bajo cuidado de su viuda, Cecilia Rivera, y de sus hijos. Un texto imprescindible que retrata el trance de la historia peruana entre el virreinato y la independencia. Propicio para entender nuestro proceso actual, con sus rezagos coloniales, aristocracias decadentes, plebes emergentes y un país en tensión entre Lima y las regiones. Similitudes y reincidencias de nuestra historia.


1. La longevidad del orden colonial


Lima, llamada entonces la Ciudad de los Reyes, era la sede de la burocracia y el centro mercantil de la colonia, desde donde la poderosa corporación del Tribunal del Consulado (mercaderes y navieros) tenía influencia sobre el Pacífico y sobre el interior del país.


Según los censos de la época, predominaban dos actores poblacionales: la aristocracia y los esclavos. La aristocracia incluía a los españoles o peninsulares y a los criollos (ambos con títulos nobiliarios). Los esclavos eran negros nacidos en la colonia (ladinos) y recién llegados de África (bozales). Lima era una de las urbes más hispanas del continente, una ciudad amurallada contra los indios, mientras que los esclavos (negros) le eran necesarios a la aristocracia colonial (burócratas, comerciantes y hacendados) como objetos para trabajos forzados y bestias de carga.


2. La aristocracia colonial


El análisis empieza con la crisis agrícola del trigo y el litigio de los comerciantes (mercaderes) contra los terratenientes (productores de trigo). Los comerciantes lograron hacer fracasar a los terratenientes que producían trigo en los valles costeños para importar (comprar) trigo chileno, con el apoyo de la burocracia colonial y los comerciantes limeños. Los antiguos campos de trigo comenzaron a producir caña de azúcar y alfalfa. La crisis agrícola y la no producción de trigo no fue una alteración ecológica, sino una arbitrariedad y corrupción de los comerciantes y funcionarios de la colonia.


Entonces, la aristocracia colonial se dedicaba al comercio y se agrupaba en el Tribunal del Consulado. ¿Qué comerciaban? Importaban (compraban) esclavos de África y bienes manufacturados de Europa (desde ropas hasta chucherías), y exportaban materias primas como minerales, caña de azúcar de los valles costeños, entre otros. Esa práctica de importar y exportar sigue vigente hoy: somos un país primario exportador, porque nuestra burguesía nacional es rémora de las potencias. Son mercantilistas de nuestros recursos naturales. Aún después de la independencia, solo exportamos distintas materias primas: el guano, el salitre, el caucho, y hasta las actuales como el petróleo, el gas y los minerales. Vendemos sin generar valor agregado, sin industrializar nuestros recursos estratégicos. La burguesía nacional es una mala copia de la aristocracia colonial, dependiente de lo que vendemos en bruto.


3. Declive de la aristocracia limeña


La aristocracia comercial de la colonia llegó a su ocaso con las reformas borbónicas del rey de España (Carlos III), cuando decretó el "libre comercio". Esto afectó al monopolio mercantil del Tribunal del Consulado (una especie de ADEX o CONFIEP actuales), que calificó la medida como la "institucionalización" del tráfico ilícito. Sin embargo, nunca tuvieron el valor de enfrentarse por temor a la plebe local. La fidelidad servil de esta aristocracia colonial en decadencia se debió al temor de perder sus privilegios (títulos nobiliarios y esclavos) frente a la amenaza de rebeliones de esclavos e indios (plebes heterogéneas).


Actualmente, nuestra clase empresarial local (aristocracia y burguesía) ya no está supeditada al rey de España como en la colonia, pero sí subordinada a los dictados del imperio norteamericano: a los organismos multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) y a la política económica servil del Consenso de Washington. La historia peruana da retornos continuos, como la trayectoria de esa mascota, el hámster, que gira en el mismo círculo.


4. El Tribunal del Consulado (como la actual CONFIEP)


El Tribunal del Consulado era la institución mercantil más poderosa de la colonia. Su Junta General tenía 200 miembros de las familias más adineradas de la época. Estos comerciantes limeños articulaban la red de circulación y producción mercantil en el interior del país a través de la imposición de los mercaderes sobre el consumidor (obligando a comprar a los indios). Era una imposición de los corregidores, comerciantes y hacendados: habilitaban préstamos y deudas futuras. En el mercado externo, el Tribunal del Consulado tenía el control hegemónico de los puertos del Pacífico: Callao, Guayaquil, Quito, Santiago, Valparaíso y Buenos Aires.


El Tribunal del Consulado disponía de dinero para combatir cualquier rebelión plebeya, como la rebelión de Túpac Amaru II. "Lima sostiene a los ejércitos realistas del continente a través de cuantiosas donaciones del Tribunal del Consulado"; incluso puso su flota mercante a disposición de las autoridades virreinales para prevenir cualquier incursión patriota en el Pacífico. Lima (sede de la corporación comercial) era el centro de reacción continental, no por la habilidad del virrey Abascal sino por la solvencia del Tribunal del Consulado.


5. Rostros de la plebe


Alberto Flores Galindo enumera a la masa plebeya de la colonia: los esclavos negros nacidos en Perú (llamados ladinos) y los esclavos recién llegados de África (denominados bozales). Junto a la aristocracia limeña (burócratas, comerciantes y terratenientes), conformaban el binomio de la demografía colonial.


La aristocracia disponía de los esclavos (negros) como si se tratara de ganado. Los esclavos eran de su propiedad, sin ningún derecho. Podían venderlos o matarlos; los esclavos no tenían más dignidad que un caballo. En esta parte sería necesario recalcar, aquí y ahora, a los hispanistas e hispanófilos actuales (como Vox en España y en el Perú los que ondean la Cruz de Borgoña) que niegan las atrocidades del colonialismo más brutal contra los antiguos afroperuanos.


La violencia del orden colonial era visible en la plaza pública, para escarmentar a los esclavos. La violencia no era prohibida; la crueldad contra los esclavos era permitida. El valor de un esclavo en el mercado costaba entre 450 y 500 pesos; el esclavo era el animal más costoso del señor aristocrático. La recaudación económica de la Iglesia contra este sector de la población se hacía mediante los diezmos. La dominación colonial era en cuerpo y alma contra los esclavos.


6. Camino a la libertad plebeya


Los esclavos, separadamente de los indios, intentaron de distintas formas su camino de liberación: a través del cimarronaje (escapar de sus amos), los palenques (agrupación de libertos o cimarrones en un lugar específico) y el bandolerismo social. Este último ya era una expresión multiétnica (cimarrones e indios).


A la llegada de la expedición libertadora de San Martín (en 1820), Lima estaba en un proceso de tensión social: desafío de las plebes contra la aristocracia, mientras que esta, a través del Tribunal del Consulado, estaba más adscrita a los realistas. Para la aristocracia limeña, los patriotas eran los subversivos. La expresión plebeya rápidamente se conectó con el antiespañolismo de Bernardo de Monteagudo y José de San Martín.


7. El orden colonial en la cultura


Según nuestro autor, las Tradiciones de Ricardo Palma, las acuarelas de Pancho Fierro, retrataban la vida cotidiana de la Lima colonial y plebeya. Ricardo Palma, con sus ironías como críticas al orden colonial, se sitúa entre la literatura y la pesquisa histórica. Eso lo reconocen investigadores como Raúl Porras Barrenechea y Rubén Vargas Ugarte, mientras que críticos literarios como Sebastián Salazar Bondy y Julio Ramón Ribeyro no habrían reconocido la audacia de Palma.

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