CÉSAR LÉVANO - RESEÑA



Rebelde sin pausa. Una entrevista viajera con César Lévano. Paco Moreno. Lima: Ediciones Altazor,  2016, 270 pp.


✍️Por Manuel Cuipa 


En tiempos actuales, donde la gran prensa —ese conglomerado concentrado y concertado— es el vocero ideológico de los grupos de poder, su tarea (editorial) es distorsionar, mentir y desinformar a sus receptores, al menos en dos campos fundamentales: la distorsión política y la distorsión económica (ambas en pro de ideas neoliberales y en contra de alternativas disidentes).

En ese contexto de parcialidad y arbitrariedad de la prensa (crisis del periodismo peruano), es necesario rescatar el legado de César Lévano, aquí y ahora.


Este es un texto que recorre su trayectoria y recoge los aportes intelectuales del periodista, poeta, militante político, melómano popular y maestro universitario (UNMSM): César Lévano. Una entrevista biográfica realizada por Paco Moreno, con prólogo de Ángel Páez, ambos alumnos y amigos del gran maestro.

Se abordan temas cómo Lévano, a los 16 años, fundó la revista Cultura en su colegio de nocturna; su paso por El Metalúrgico de La Oroya; su trabajo como corresponsal de France-Presse; y su colaboración en revistas y diarios como Marka, Unidad, Radio Antena Uno, La República, Caretas, La Primera y UNO. También se mencionan sus referencias a Sebastián Salazar Bondy, Juan Francisco Castillo, Genaro Carnero Checa, Alfonso Tealdo, Doris Gibson, Enrique Zileri, Guillermo Thorndike, Víctor Hurtado Oviedo, César Hildebrandt, Raúl Wiener y Toño Angulo.


César Lévano (1926-2019) ejerció el periodismo como razón social durante toda su vida: una batalla sin pausa contra las injusticias, las dictaduras y las corrupciones del poder. Actuó con solidaridad de clase a favor de las grandes mayorías y en defensa de las causas justas, así como para elevar el nivel cultural de las masas (educar al pueblo para liberarse de su dominación). Su intachable magisterio como hombre de prensa estuvo marcado por la máxima de John Keats: "la belleza es verdad y la verdad es belleza". Hacer periodismo comprometido con la verdad, porque “Decir la verdad es siempre revolucionario”, en palabras de Antonio Gramsci (contrario a las distracciones y distorsiones de la derecha mediática).


1. Lo rebelde como herencia y destino

Por añadidura, por las venas de César Lévano corre la rebeldía de su abuelo anarcosindicalista Manuel Caracciolo Lévano, amigo de Manuel González Prada, y el ejemplo de lucha de su padre Delfín Lévano, amigo de José Carlos Mariátegui y director del periódico La Protesta. La conquista de las 8 horas de trabajo en el Perú se debe a los personajes arriba citados.

Esta es la genealogía de César. Combatiente contra las dictaduras de su tiempo (Manuel A. Odría, Francisco Morales Bermúdez y Alberto Fujimori), por defender y cuestionar los regímenes autoritarios estuvo tres veces entre los barrotes de una cárcel —en el Panóptico, el Sexto y el Frontón—, pero sin arrepentimientos.


Asimismo, tres veces fue expulsado del Partido Comunista Peruano, dirigido entonces por Jorge del Prado, quien carecía de una amplia noción del movimiento popular, la difusión política y el arte y la cultura populares. Lévano era demasiado plebeyo para el comité del Partido. Sin embargo, como no necesitaba una pertenencia partidaria ni un carnet para ser comunista, siguió adelante. El buró político "comunista" de entonces no lo entendió porque carecía del alma matinal de Mariátegui y del alma indígena-plebeya de Lévano.


Mario Vargas Llosa, desde la orilla contraria, diría sobre el periodista: “César Lévano, uno de los escasos marxistas ponderados del Perú”. Efectivamente, Lévano era un marxista con calle y barrio, con camaradería con los obreros de la CGTP y los estudiantes universitarios, con tertulias poéticas y jaranas populares, y también con sendos ensayos (textos) para la discusión vigentes: El contenido antifeudal de la obra de Arguedas (1960), Mariátegui, la voz integral del Perú (1969), Lenin y Mariátegui en nuestro tiempo (1970), entre otros.


Sin embargo, fue un marxista sin manual ni dogmatismo senderista. César Lévano fue, por el contrario, víctima del acoso y amenazas de muerte por parte de esa facción política cuando tomaron la Facultad de Letras en San Marcos. Al respecto, Lévano es categórico: “Sendero siempre fue una minoría en San Marcos, pero era una minoría activa y amenazante”; “Sendero reclutó a gente joven valiente y decidida para acciones terroristas que los chicos desconocían. Usó métodos sumamente crueles, que fueron respondidos también con crueldad por el Estado”; “Sendero mató a alcaldes de izquierda delante de sus hijos, delante de sus mujeres”; “La gente, asustada, no quería acercarse a la izquierda porque Sendero la desacreditó”.

César Lévano, de la misma forma, fue amenazado y torturado en las prisiones tantas veces por las dictaduras de derecha, y difamado por los grupos de poder y los gobiernos de turno neoliberales. “Lévano ha sido condecorado con el odio de la derecha”, diría César Hildebrandt.



2. Un autodidacta trascendente

Paco Moreno con justa razón señala: “Lévano es también hechura de los periódicos; después empezó a hacerlos”. De niño, huérfano de madre (a los 7 años) y luego de padre (a los 14), César Lévano tuvo que ganarse la vida como "canillita", vendedor de periódicos en la calle. Allí nace su vicio bueno por la lectura, y también allí tuvo un accidente en una pierna. Estudió en la nocturna del colegio Alfonso Ugarte. Asimismo, antes de los 20 años, el joven Lévano fue lustrabotas (un "lustrabotas ilustre"). Por cuenta propia aprendió distintos idiomas: francés, alemán, inglés e italiano.


Lévano es un genial autodidacta al que la pobreza material y otras vicisitudes de la vida no pudieron detener. Es un ejemplo de constante crecimiento personal sin dejar de lado el bienestar colectivo, porque “la vida es una lucha sin tregua, que debe estar animada por el amor y la solidaridad”. Y porque “hay que trabajar con coraje, responsabilidad y alegría”. Además, asumía el desafío de leer 20 libros en menos de un mes para dar solo un discurso de 15 minutos, sin dejar de escribir diaria y religiosamente sus artículos. La exigencia consigo mismo es el ejemplo de este genial autodidacta trascendente que es César Lévano.


3. Melómano y poeta plebeyo


César Lévano no fue tampoco ajeno a la literatura (ni como lector ni como escritor). Sus libros de poesía como Tono peregrino (1965), Este y oeste (1968), Árbol de batallas (1970) y otros están para corroborarlo. Sus amistades y tertulias con poetas como César Calvo, Alejandro Romualdo o Juan Gonzalo Rose describen su adhesión y camaradería poéticas.


Asimismo, encontramos su devoción por la música popular negra en sus referencias a Felipe Pinglo y Nicomedes Santacruz. Participó personalmente en las jaranas del barrio y entre amigos al son de las melodías de Pablo Casas, Manuel Acosta Ojeda, Carlos Hayre, Alicia Maguiña y los hermanos Ascuez. Además, compuso canciones como La rosa inesperada, Sombrero desde la sombra y La Lima de mis amores, plasmadas en la música de Víctor Merino.


También mostró inclinación por la música andina en semblanzas de Zenobio Dagha, las hermanas Esmila y Zoila Zevallos, Julio y Walter Humala, Rodrigo y Edwin Montoya, Margot Palomino, Jaime Guardia, entre otros. En una ocasión, sus amigos de bohemia hicieron una broma que se volvió famosa en la prensa: Lévano como supuesto cantante folclórico del centro del Perú, con el seudónimo "El Jornalero Huanca". A él no le molestaba. Porque, más allá de eso y hablando seriamente, consideraba que la defensa y difusión del arte y la cultura populares son necesarias en un país tan fragmentado por el racismo y las exclusiones. En cierta medida, “César Lévano es el Arguedas de Lima” y el "Mariátegui del periodismo peruano de los últimos tiempos". Porque Lévano tenía memoria prodigiosa, la cita precisa y la sugerencia de textos y autores (fuentes, documentos e investigaciones propias). César Lévano, como Mariátegui, tenía un lenguaje sobrio pero firme: no del adjetivo calificativo, sino de ideas sustantivas.

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