HEREJÍAS POLÍTICAS III


¿Por qué el Keiko Fujimori es inviable? Un llamado desde el campo popular 

✍️ por Manuel Cuipa 

En primera vuelta, el campo popular votó por Roberto Sánchez. En ese contexto, en cara a la segunda vuelta, abstenerse, votar nulo o viciado no ayudan a combatir el legado corrupto y criminal del fujimorismo. Asimismo, no ayuda al campo popular históricamente excluido. Campo popular que va más allá de la dicotomía de derecha e izquierda peruana. La respuesta de las corrientes progresistas, democráticas y el campo popular, coherentemente, en esta segunda vuelta electoral, es apostar por el candidato de Juntos por el Perú (JP), Roberto Sánchez. Y como diría Jean-Paul Sartre, recalcar lo mismo a los indecisos de hoy: "No elegir es, de hecho, una elección". Este último solo podría favorecer a la candidata de los grupos de poder y sistema de corrupción: Keiko Fujimori. 

Desde luego el aparato mediático (prensa concentrada) y la coalición empresarial (CONFIEP) ya tomaron partido por Keiko Fujimori, y en un hipotético caso si esta señora ganara las elecciones, impondrá su esencia político-económica neoliberal con "mano militari". Es decir, cumplir su latente proyecto autoritario (dictadura) y su sistema de corrupción, una ejecución de su organización criminal desde el poder absoluto del Estado. Y si el pueblo protesta, ya sabemos, terruquear y meter bala como en las protestas sociales del año 2022 y 2023 (más de 70 peruanos y peruanas asesinados por el régimen de Boluarte con blindaje del fujimorismo). 

Asimismo, ya vimos cómo su bancada del Congreso (pacto mafioso) inhabilitó por 10 años a la Dra. Delia Espinoza; antes ya habían hecho lo mismo con los fiscales anticorrupción como Rafael Vela y José Domingo Pérez. La persecución contra todos los que se dediquen a fiscalizar su autoritarismo es efectivo y concreto.

Fujimori viene para quedarse en el poder, como su padre bajo dictadura, fraude o autogolpe. Viene además con sed de venganza y tierra arrasada contra la endeble democracia peruana. Sus voceros lumpen, como "La Resistencia" o el señor Fernando Rospigliosi, llevan años acosando a políticos opositores y periodistas incómodos para el poder fujimorista.

El proyecto de Keiko Fujimori es autoritario y de extrema derecha. Ella ya dijo textualmente: "gobernaré igual que mi padre". Es decir: control absoluto de la prensa, de los poderes del Estado, comisión de crímenes de lesa humanidad, formación de comandos de muerte contra sus opositores (como el Grupo Colina), flexibilización laboral (despidos y recorte de derechos), judicialización de las protestas sociales, y tener una "prensa chicha" al servicio del gobierno de facto. Eso fue la dictadura de su padre Alberto Fujimori; por cierto, su hija Keiko Fujimori fue parte de ese poder como primera dama.

Por otra parte, sabemos que Roberto Sánchez no es gran cosa, ni redentor ni perfecto, pero será controlable y fiscalizable, como lo hicimos en el pasado con el gobierno de Ollanta Humala, además de con una economía sostenible en azul. Eso es posible. Sin embargo, de la otra opción (Keiko Fujimori) tenemos clarísimo que su derrotero apunta a un sistema autoritario y de corrupción absoluta: un proyecto fascista.

Un llamado desde el campo popular contra el fujimorismo, llamado al centro democrático que debe ser el voto para JP y Roberto Sánchez. Hay momentos clave en los que es necesario dejar de ser "tabula rasa" para embarrarse con el barro de la historia, como advirtió José Pablo Feinmann (en Argentina, ante los primeros asomos de Milei, hoy ya es real ese fascismo). En momentos así, hay que asumir la ética del compromiso de Jean-Paul Sartre. No es cierto que "la contradicción se agudizará más y así venceremos rápido", como dicen algunos marxistas de repetición teórica (eso no será posible), porque "la gente es capaz de aguantar más ignominia de la que ya vive", como expone Álvaro García Linera, y eso se cumple en Bolivia desde 2019 con Janina Áñez.

Entonces, "dejar hacer y dejar pasar" a Fujimori será cumplir lo que Bertolt Brecht también advirtió: "Iban por otros, no hice nada, y ahora vienen por mí, ya es muy tarde". Y eso es cuantificable: desde el Congreso de 2016, con Keiko Fujimori, se hizo contra "los otros" (no los nuestros, por decirlo así): contra PPK, Vizcarra, Harvey Colchado (pero sí se blindó a Dina la asesina, a los cuellos blancos y a otras basuras del pacto mafioso). Keiko también capturó las instituciones del Estado: la Fiscalía, Sunedu, la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, etc. Y la venganza de Keiko y su bancada es visible (que es la venganza de los grupos de poder), que ya se ensañó con fiscales como José Domingo Pérez y, recientemente, con Delia Espinoza. Keiko realiza estas imposiciones dictatoriales sin ser aún presidenta —ojo— sin ser jefa suprema de las Fuerzas Armadas.

Por eso, desde la indiferencia o la "neutralidad" no hay salida posible contra lo evidente que se viene. Es el 18 Brumario de Fujimori: repetición como tragedia y como farsa. Pero esta vez Keiko Fujimori llega con la mano ratera de Montesinos, la impunidad de Boluarte, el racismo de China Tudela, la ejecución de Thatcher, los asesinatos al estilo Pinochet, los recortes laborales de Milei y el terraplanismo de Trump. Es pura fujimierda, algo que aún nadie se imagina (pero que ya advertían su propia madre, Susana Higuchi, y su hermano Kenji). Por todo eso, Fujimori nunca más. 

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