ANTROPOLOGÍA INDISCIPLINADA - RESEÑA
Luis Reyes Escate. Por una antropología indisciplinada. O practicantes soñando desde el patíbulo. Lima: La Siniestra Ensayos, 2025, 116 pp.
✍️Por Manuel Cuipa Ch.
Un texto de ensayo que trasciende la jaula disciplinar de la Antropología clásica, ciencia a menudo señalada como la más colonial de todas, marcada por desencuentros fundacionales entre el antropólogo (occidental) y el nativo (no occidental). Frente a esta mirada asimétrica, el autor disiente y propone una antropología indisciplinada, pero responsable. ¿Qué significa esto? Consiste en desafiar el conocimiento domesticado o “disciplinadamente desaplicado” [1]— y el «hechizo racionalista» para construir un saber descolonial y comprometido con las comunidades, sin que ello implique renunciar al rigor académico y científico.
Nuestro autor, Luis Reyes Escate, nació en las periferias de la costa peruana, en Subtanjalla (Ica), un pueblo de pequeños agricultores "donde la tierra se mete entre las uñas", de casas de adobe y quincha, y una convivencia heterogénea de cholos, negros y chinos. De origen humilde y sin linaje académico familiar —muchas veces etiquetado como "antropólogo nativo"—, supo forjarse, siempre becado, en algunas universidades élite del Norte Global, pese a esas y otras múltiples adversidades.
Reyes Escate articula con destreza las herramientas teóricas y las (con)vivencias empíricas. De ahí que el presente texto suscite una reflexión crítica y un devenir revolucionario en los cimientos de la antropología peruana y latinoamericana contemporáneas. Desde las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, sus propuestas desbordan los denominados "giros" reflexivo y ontológico de la antropología establecida, para orientarse hacia una antropología indisciplinada o antropología práctica.
1. Del miedo al sueño
Luis Reyes Escate señala que la razón inicial que lo empujó al camino de la antropología fue el miedo sentido desde la infancia y a lo largo de la vida estudiantil: el miedo a ser señalado como la otredad: "negro", "zambo", "chacrero", "pobretón", etc. Aunque siempre fue un buen estudiante (becado) y hasta privilegiado en las mejores universidades del Norte Global (Estados Unidos). En el transcurso de su proceso académico, viajes al extranjero, aprendizaje de otros idiomas y conocimiento de nuevos mundos, también sentía el miedo a la enajenación, el miedo a olvidar sus raíces: el miedo adoptado como una huella derridiana [2].
Para Luis Reyes, abuelos y su pueblo, "el soñar es importante". En ese contexto nos enseña a atrevernos a soñar nuestros propios sueños: "Soñar una academia diferente", no como punto final sino como comienzo para imaginar respuestas nuevas. "Comienzo que evita las dinámicas elitistas y homogenizantes" de razones de objetividad, universalidad y singularidad, revelando más bien su parcialidad, particularidades y multiplicidades. Pero el sueño no es desde la nada, sino desde lo vivido, desde lo caminado. La antropología vista como práctica y no solo como disciplina.
También, soñar desde el lugar de enunciación académica del Sur Global (peruano, latinoamericano) y como docente de su alma máter (UNMSM), donde la precariedad múltiple, la corrupción institucional y el abandono de la universidad pública son constantes; en medio de esas vicisitudes, es necesario comenzar a imaginar respuestas: soñar y seguir enseñando “con todo lo que hay y lo que falta”.
2. Antropología como práctica
Es una invitación a pensar la "Antropología no como corpus normativo disciplinar ni como sistema cerrado de reglas, sino como un arte de los encuentros" (p. 60).
La producción intelectual de la antropología fue de una oposición parcial representada en la figura del "antropólogo" de referencia occidental y el "nativo" como objeto de estudio no occidental. Luis Reyes cuestiona ese presupuesto de corte universalista y naturalista de la antropología. Y sostiene que aquí radica el "hechizo racionalista" de la Antropología, donde las dos figuras—antropólogo y nativo—son como "entidades discretas, metafísicamente distantes, que nacen en el discurso, pero se materializan en el mundo como si hubieran existido desde siempre" (p. 63). Es decir, antropólogos y nativos como una "concreción mal colocada" que señalaba Alfred North Whitehead [3], confundir una abstracción o concepto teórico con la realidad física del mundo.
3. Los giros de la Antropología
Frente a esta "concreción mal colocada", los llamados "giros" de la Antropología no han podido superar del todo sus bases teórico-metodológicas: el «giro reflexivo» —que comprende las vertientes posmodernas, poscoloniales, posestructurales y feministas—, si bien critica la asimetría del antropólogo y el nativo, “se mantiene la arquitectura; se deconstruye el espejo, pero se mantiene el marco”.
Por otra parte, el «giro ontológico» —del perspectivismo amerindio, la ontología orientada a objetos (OOO), la antropología de la ciencia y la tecnología— plantea otro tipo de desplazamiento en donde el énfasis ya no está en que el antropólogo aprenda a ver desde el punto de vista del nativo como proponía Bronislaw Malinowski (1922) [4], sino que el antropólogo sea aprehendido por el mundo del otro. En esta corriente se inscriben Marcio Goldman y Eduardo Viveiros de Castro: "Tomar en serio a los nativos" o el "pensamiento indisciplinado" [5]. Aunque, según el autor, muchas veces, "lo que aparece como apertura es apenas una reformulación elegante del viejo gesto de dominación. El barro sigue siendo barro, pero ahora al artesano le permiten ocupar el centro de la galería" (p. 68).
Luis Reyes se reconoce "aprendiz ecléctico" del giro ontológico, pero estima que aún no ha logrado desplazar la centralidad que la Antropología asigna a la escisión antropólogo-nativo. A la disyuntiva "o eres antropólogo o eres nativo", el autor no toma una apuesta unilateral. No se alinea al caso que afirmara Clifford Geertz (1983): "ahora todos somos nativos" [6], ni al "todos somos antropólogos" de Roy Wagner (1981) [7].
Porque el efecto de dichas divisiones no es un mero artificio lingüístico sino que tiene consecuencias reales: ontológicas, epistemológicas, morales y cosmopolíticas. Aunque esto no niega que los antropólogos fuesen todos occidentales y racionalistas; más por el contrario, hubo figuras tempranas "herederos de cosmologías no occidentales" como es el caso del antropólogo quechua José María Arguedas o la académica maorí Makereti Papakura, y otros aún viviendo en el Occidente trazaron líneas etnográficas sensibles y descentradas como Godfrey Lienhardt [8] o Pierre Clastres[9]. Estos han generado un "ruido vital", "una disonancia fecunda" frente a la Antropología basada en la división fundacional antropólogo-nativo.
4. Antropología indisciplinada y responsable
Este cambio no debe entenderse únicamente como mutación conceptual sino como alteración del clima afectivo, político y epistémico de la disciplina, en múltiples formas de hacer antropología ejercidas por "practicantes de antropología".
Los practicantes de antropología son una figura que no denota ni síntesis ni oposición sino heterogeneidad inmanente y responsable. "Aunque indisciplinados, siempre responsables", que afirma Marcio Bakaire [10].
Esta nueva práctica y teoría indisciplinada de practicantes de antropología no aboga por la tolerancia ni la aceptación sino únicamente por el respeto. Que evoca la idea de un (nos)otros de corte pragmático, que opera, como dice Gilles Deleuze, como "tercera persona del infinitivo, cuarta persona del singular" [11], capaz de aminorar ontológicamente la figura canónica del antropólogo "tornándolo multiplicidad catalizadora de potencias creativas" (p. 83). Es decir, salirse del hechizo racionalista hacia antropologías otras y divergentes. Del “pienso, luego existo” cartesiano, hacia el “existen, luego pienso” ecológico.
5. Del hechizo racionalista al devenir revolucionario.
Luis Reyes es consciente que utilizar categorías de revolución o revolucionario y el devenir revolucionario están sobrecargados en el ambiente y contexto, que a muchos «enciende fantasías más húmedas de los extremos rancios que nos gobiernan, ansiosos por lanzar adjetivos como 'rojo', 'caviar', 'comunista', 'terruco'». Sin embargo, para decepción de ambos “extremos de la misma mierda”, el autor no apela al sentido marxista clásico, sino al devenir académico de las Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
El devenir revolucionario en esa perspectiva antropológica “apunta a otra dirección más subterránea, salvaje, en su sentido lévi-straussiano. Es decir, indómita y silvestre” [12]. Se trata de una transformación no menos radical, pero sí menos espectacular. No evoca un estallido sino un gesto callado, como insistencia de lo vivo en medio de las ruinas. No una promesa de utopía sino de una academia situada: antropología indisciplinada o antropología práctica.
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NOTAS
[1] Reyes Escate, Luis. Carta a los antropólogos desaplicados. SERVINDI, 10-08-2026.
[2] Derrida, Jacques. Espectros de Marx. Madrid: Trotta, 1995 [1993]. La huella no es una presencia ni una ausencia, es el simulacro que el len funcione, para Reyes Escate el miedo también cumple esa huella.
[3] Whitehead, Alfred North. El concepto de naturaleza. Madrid: Gredos, 1968 [1920]. "Concreción mal colocada" es un falacia lógica que confunde la realidad del modelo mental o un concepto abstracto con la realidad física y concreta del mundo. "
[4] Malinowski, Bronislaw. Argonautas del Pacífico Occidental. Barcelona: Planeta-Agostini, 1986 [1922].
[5] Viveiros de Castro, Eduardo. Metafísicas caníbales. Buenos Aires: Katz, 2010. El "pensamiento indisciplinado" no es una etiqueta sino crítica radical y propuesta epistemológica para redefinir la práctica de la antropología. En tanto que es una "ciencia de indisciplinados", "sobre indisciplinados" y "para indisciplinados".
[6] Geertz, Clifford. Conocimiento local. Barcelona: Paidós, 1994 [1983]. "Todos somos nativos" quiere decir que el nativo no es el "otro" exótico, quiere poner fin al "nosotros" comprensibles versus "ellos" enigmáticos, porque hay fronteras geográficas también límites que están en nuestra propias pieles.
[7] Wagner, Roy. La invención de la cultura [1975]. Wagner propuso las bases iniciales del giro ontológico en la Antropología. "Todos somos antropólogos" quiere decir —contrario a "todos somos nativos" de Clifford Geertz— también que los nativos tienen agencia y pueden reflexionar y teorizar sobre el mundo.
[8] Lienhardt, Godfrey. La antropología social, 1966.
[9] Clastres, Pierre. La sociedad contra el Estado, 1974.
[10] «Aunque indisciplinados, siempre responsables", encierra el ethos del practicante de antropología. Corresponde a Marcio Bakaire citado por Luis Reyes como estudiante indígena de la etnia amazónica Bakaire. Su amigo y colega en el encuentro del Núcleo de Antropología Simétrica (NAnSi) en el programa de Posgrado en Antropología del Museo Nacional de Brasil (2018).
[11] Deleuze, Gilles. Lógica del sentido, 2005. Para Deleuze, "tercera persona del infinitivo, cuarta persona del singular" alude a la naturaleza del "acontecimiento puro" y un devenir impersonal que escapa a cualquier sujeto o identidad fija. Luis Reyes Escate desde esta impronta deleuziana más adelante redefine en el "devenir revolucionario" de la antropología práctica o indisciplinada.
[12] Lévi-Strauss, Claude. El pensamiento salvaje. México: FCE, 1964. Desde la lectura política y cultural rescata la dignidad epistémica de las comunidades frente al etnocentrismo del Estado, como arma teórica antirracista y anticolonial en las ciencias sociales.

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