RE-PENSAR EN COMUNIDAD II

Réplica final a Alfredo Solórzano Dongo, “caraybambino de nacimiento”


✍️ Por Manuel Cuipa Ch.


A mi artículo anterior «La BOHAC, orgullo de Colca, Apurímac y más. Perspectivas ante el incidente por una banderita», el señor Solórzano Dongo ha calificado como calumnia, y con yapa añade que supuestamente «con la verdad no se teme ni se ofende». Veamos de qué verdades nos habla.


Primero.

No es verdad que en un instrumento musical (congas) de la BOHAC esté la bandera de los Estados Unidos, como afirma el señor Solórzano Dongo; lo que allí aparece es claramente la bandera de Puerto Rico. De entrada, hay aquí una falta grave contra la verdad y la objetividad. Aquí inicia la impostura, desde esa falacia de origen, y en resumen esto sí es una calumnia. Porque no se puede forzar a una bandera de un país caribeño (Puerto Rico) 🇵🇷 como si fuera la bandera norteamericana (EE. UU.) 🇺🇸. Confundir ese detalle importante es como creer que la bandera de Canadá (🇨🇦) es la misma que la peruana (🇵🇪) por ser ambas bicolores, pero son absolutamente distintas en sus características sociohistóricas.

Entonces, no se puede desvirtuar ni difamar a la BOHAC como agente del imperio norteamericano o portadora de la ideología de la clase dominante internacional. Además, como hemos recalcado en la respuesta anterior, la dominación política y económica en la actual era de la globalización no conoce banderas ni fronteras geográficas, por eso son transnacionales (que se extienden a través de varias naciones). Por ejemplo, para el economista Yanis Varoufakis, el conflicto real no es entre países ni banderas, sino entre una «oligarquía transnacional sin fronteras»[1].

Ahora bien, veamos la definición de «calumnia» que nos endilga en su respuesta el señor Solórzano Dongo. Según la RAE (Real Academia Española), «calumnia» es la transgresión de la verdad, una impostura, una mentira. Justamente pretender hacer pasar la bandera puertorriqueña por la norteamericana es falsificar la verdad (como en su momento ya aclaró el director de la BOHAC). Eso de cambiar lo que no es, precisamente es una mentira y, en última instancia, una calumnia. Entonces, ¿quién miente aquí? ¿Acaso eso es «con la verdad no temo ni ofendo»?


Segundo.

Firmar con la rúbrica de «caraybambino de nacimiento» me parece una apuesta de tribu, de identidad chauvinista, porque históricamente en nuestras localidades de Colca o Caraybamba esas características han dividido en parcelas chauvinistas a un pueblo contra otro, y hasta la actualidad parece que aún tienen sus rezagos.

Si algunos, bajo esa etiqueta localista y geográfica de nacimiento, se sienten muy satisfechos con la identidad de sus egos, excelente para ellos. Pero aquí advertimos que, si seguimos cultivando tales apuestas, veremos sus estruendosos efectos de tribu en todas las relaciones sociales de nuestras comunidades (en sus habitantes): en política (división en las elecciones municipales), en el deporte (rivalidades en las ligas), en la cultura (prejuicios en las comparsas carnavaleras), etcétera. Es decir, el germen que renacerá en el pensar, sentir y actuar chauvinista de sus pobladores. A nivel de la región Apurímac somos testigos de esa mala convivencia y de ese dañino tribalismo identitario entre dos provincias hermanas: los de Andahuaylas frente a los de Abancay, o viceversa. En vez de hacer fuerza común para el desarrollo integral de la región, se dividen bajo sus banderas genealógicas, de origen o nacimiento.

Por esa razón no somos partidarios de ninguna identidad de tribu, ni firmamos con rótulos de «colqueño de nacimiento» o «de nacimiento y qué». Siendo objetivos, el haber nacido aquí o allá no es determinante ni esencialista para nadie, porque no hay ni infierno ni paraíso en ningún lugar; más bien, todas las sociedades están constituidas por sus propias tensiones y contradicciones, y también, desde luego, por aspiraciones comunes en heterogeneidad.

Facundo Cabral, el trovador latinoamericano más grande, decía: «No soy de aquí, no soy de allí»[2], porque él se sentía de la humanidad entera y no solo de su natal Argentina. Esa apuesta es pertinente frente a la identidad tribal. En la misma perspectiva, el dramaturgo y poeta español Federico García Lorca afirmaba: «Yo soy español integral. [...] Yo soy hermano de todos. [...] El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos»[3]. El antropólogo y escritor José María Arguedas concluía en esa misma noción sobre su natalidad como algo universal, criticando el terruño idealizado porque se prestaría a un burdo chauvinismo o a una visión folclórica de la historia; de allí su tesis central: «El Perú de todas las sangres», que es consecuencia de una identidad —si bien andina—, pero asentada en la pluralidad, la diversidad y la «heterogeneidad histórico-estructural» [4].


Tercero.

En su crítica final, Alfredo Solórzano Dongo despliega una retórica político‑ideológica desde la apreciación de izquierdas. Son textuales: «La bandera del socialismo internacional», «Socialismo o barbarie capitalista», etcétera, más una cita de Karl Marx: «La emancipación de la clase obrera será obra de ella misma» y otras arengas en esa línea.

En una discusión o diálogo que no trata de clases sociales ni del «socialismo», sino de una aclaración sobre un supuesto e inexistente logo de bandera norteamericana en un instrumento musical de una banda orquesta, en ese contexto es impertinente tratar esos asuntos; es mezclar papas con camotes. Asimismo, eso es caer en una predominancia ideológica militante que se perfila más como panfleto que como saber objetivo y crítico (epistemológico). Nadar en ese océano de confusiones y unilateralidades no es precisamente profundidad ni conocimiento. Añadido, a colación, la cita de Mao Tse‑Tung: «Quien no investiga no tiene derecho a hablar»[5]. Habría que investigar, por ejemplo, que la bandera de Puerto Rico no es la misma que la de los Estados Unidos.

Y sobre el «socialismo internacional», después de la caída del Muro de Berlín (1989) habría que saber e investigar que ha tenido sus propios balances autocríticos, replanteamientos y nuevas relecturas para renovarse e innovarse. Si los supuestos «revolucionarios» desconocen tales procesos de cambio en la complejidad social global, simplemente se truncan en la historia. La visión mecanicista, naturalista y escolástica del marxismo es reduccionista y positivista; ya en la década de los años 30, el marxista húngaro Georg Lukács cuestionó esa visión unilateral como una vulgarización del marxismo eurocéntrico. Lukács propone que las tesis centrales del marxismo clásico no deben ser tomadas «como fidelidad al dogma, sino fidelidad al método», que son sustancialmente distintas, y sin esa audacia renovadora se petrificaría el legado de Karl Marx[6]. En la misma óptica, los teóricos críticos de la Escuela de Frankfurt han sugerido una «crítica inmanente» contra el determinismo y dogmatismo que no revitalizan el marxismo contemporáneo[7].


_________

Notas y referencias:

[1] Varoufakis, Yanis. El minotauro global: Estados Unidos, Europa y el futuro de la economía mundial. Madrid: Editorial Capitán Swing, 2013 (original en inglés, 2011). (Traducción al español consultada.)

[2] Facundo Cabral. Canción «No soy de aquí, ni soy de allá», incluida en el álbum Pateando el tablero, 1979. La frase exacta: «No soy de aquí, ni soy de allá».

[3] García Lorca, Federico. Declaraciones recogidas por el diario El Sol (Madrid), 13 de junio de 1934, en una entrevista donde Lorca afirmó: «Yo soy español integral. [...] Yo soy hermano de todos. [...] El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre de mundo y hermano de todos.» (Fragmento extraído de varias recopilaciones periodísticas; véase, por ejemplo, Federico García Lorca: entrevistas y declaraciones, ed. de Rafael Martínez Nadal, Madrid: Alianza Editorial, 1984.)

[4] Arguedas, José María. El zorro de arriba y el zorro de abajo. Buenos Aires: Losada, 1971 (última edición póstuma). Allí desarrolla la noción de «todas las sangres» y una crítica al regionalismo cerrado. También puede consultarse Quijano, Aníbal: «Heterogeneidad histórico-estructural» en Modernidad, identidad y utopía en América Latina (Lima: Sociedad y Política Ediciones, 1988), donde se aborda la complejidad estructural de las sociedades andinas.

[5] Mao Tse‑Tung. La frase «Quien no investiga, no tiene derecho a hablar» es una máxima atribuida a Mao en sus escritos sobre el trabajo de investigación, especialmente en Contra el librepensamiento (1930) y en Investigación de la situación en las zonas rurales (1933). Se cita frecuentemente en sus Obras escogidas (Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1967, tomo I).

[6] Lukács, Georg. Historia y conciencia de clase (1923). Trad. al español: México D.F.: Ediciones Era, 1969. Especialmente en el ensayo «¿Qué es el marxismo ortodoxo?» donde sostiene que la ortodoxia se refiere al método, no a los resultados.

[7] Horkheimer, Max y Theodor W. Adorno. Dialéctica de la Ilustración (1944). Trad. al español: Madrid: Editorial Trotta, 1994. Además, véase la noción de «crítica inmanente» en Adorno, Teoría estética (1970) y en los trabajos de la Escuela de Frankfurt sobre la revisión del marxismo occidental.

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